ALLÍ, RUBIO SOFOCO DE LA SIESTA...
Allí, rubio sofoco de la siesta,
allí, mujer y espiga, entre las mieses,
allí fueron tus glorias y reveses
y la amapola -el grito- de tu fiesta.
Allí supiste todo lo que cuesta
el dejarse vivir -sin que supieses
que pagabas de más, aunque te dieses
de menos- en el curso de una siesta.
Una tarde de junio, como ésta...
Si, desde allí, donde me aguardas, vieses
de aquel sol tan en alto lo que resta...
Ve, ve, desnuda y sola, en estos meses
de estío, y no en la siesta, ve a la puesta
de sol, a recordar entre las mieses.
JUAN JOSÉ DOMENCHINA (1898-1960)