Obviamente, empiezo yo: Bueno, esto pasó hará unos quince años, en Esquel, yo tendría once pirulos (más o menos). Mis viejos, mi hermano, unos tíos y yo nos propusimos escalar una montaña que está justo enfrente de la ciudad, y que en la punta tiene una cruz. Arrancamos bien temprano y llegamos a la cumbre (hechos pelota) a la tardecita. Había un viento allá arriba que me acuerdo que por momentos había que inclinarse para que no nos volteara. De ahí arriba el paisaje es imponente: la ciudad chiquita abajo y la cordillera de fondo. Ese fue un día lindo de mi vida. Ojalá algún día vuelva a escalar una montaña. |