
Recuerdo el túnel como apareció en las noticias, iluminado por luces rojas y brillantes. Entre los pilares de cemento había un trozo de metal retorcido. Lo vi entonces y puedo verlo ahora: Diana muerta. Ella estará intentando huir, pero ellos la cazarán, igual que la cazaron cuando entró en esa iglesia ayer. Había docenas de ellos, empujándose a la entrada del santuario, dándose codazos entre ellos para acercarse a ella. No puede haber momentos de silencio ni secretos cuando se trata de una multitudo.
Toda esto a ella le cuesta mucho, pero sin embargo, llena los bolsillos de los demás muy bien. Se pagaron cifras increíbles por aquellas fotos de ella con ese pelo horrible, sus ojos llenos de lágrimas y esa media sonrisa de niña desesperada. ”
Tengo miedo”, les dijo ayer, cuando iba a la corte. “Atrás”, dijo “Tengo miedo. Pararen. Pararen. Quiero volver al coche. Parareb! Dejemen entrar en el coche, por favor”. Algunas veces, es simplemente demasiado. Los cables se cruzan, la ansiedad ataca, el pánico se asienta en el cerebro. Pavor. Miedo.
Pero ella se lo ha buscado, es una figura pública. A los ocho años, de una forma valiente, se puso delante de un micrófono. A los 17 ya había vendido 25 millones de discos. ¿Dónde están las rodillas peladas, las manos manchadas de tiza, las notitas entre compañeros? Un plató de Disney no es una infancia, no importa la cantidad de colores brillantes que utilicen o lo brillante que pueda ser el guión.
No es una niña, apenas una mujer aún y ya la han cazado. Una muchedumbre de acosadores para los que no han sido escritas leyes. Ahogamiento. Tortura. Flash. Créditos en las fotos. Incluso el doctor “sé real” entró en acción. Muy subrrealista.
83 millones de álbums vendidos. ¿Cuántas fotos? El túnel está lleno ahora. Sólo hay milímetros de pulgadas entre la vulnerabilidad y el desastre.
Fuente: Live Journal / Traducción: osdia