Re: los que están a favor... ¿serían "el verdugo"? | |
Quisiera exponer un punto que a lo mejor resulta chocante, pero puede servir para entender nuestra cruda realidad. Existen dos formas de actuar de las autoridades policiales muy bien marcadas. Una cuando trata con el ciudadano común y corriente, el hombre que respeta la ley. Y otra que se aplica al delincuente, por mucho que se quiera hacer una Declaración de los Derechos Humanos que termine por igualar a ambos. Ésto que acabo de decir, voy a tratar de explicarlo antes de que se apeguen a la letra filosófica y me gane una crítica sin ser escuchado. No he nacido en barrio residencial y por lo tanto, he visto muchos actos delictivos. Entre ésas experiencias, un delincuente abusivo llorando a los pies de su captor, para que no se lo llevara a la comisaría; segúramente algo tendría pendiente con dicho policía. Y he visto delincuentes defendiendo a vecinos del barrio, de otros delincuentes. La conclusión es que el lenguaje que sirve para éste submundo, es el de la violencia. Aquí no encaja lo filosófico. Entre delincuentes se ganan el respeto por la fuerza, la saña y el salvajismo que muestran en sus actos. Y cuando la policía interactúa con ellos tiene que hablar necesáriamente en su idioma: la violencia. No hay otra, si le va a sacar su cartilla de los Derechos Humanos, se lo almuerzan con zapato y todo. No se les puede decir: tenga la amabilidad de subir al vehículo. Lo agarran de los pelos con una mano y con la otra tienen el revolver de respaldo, listos para usarlo y éso lo saben los delincuentes; que al menor movimiento raro, le encajan un balazo sin remordimiento alguno. Con éste "lenguaje" el policía consigue dominar al delincuente, que es lo que importa. Cuando los encargados de custodiar a los presos era la Guardia Republicana, en Perú, se decía que el bautizo de un nuevo guardia, era masacrar literálmente hablando a un preso cualquiera. De ésa manera, se les hacía entender al resto, que el "novato" no era un "pan de Dios". Si no se mostraba ésto, los delincuentes se aprovecharán de ésa debilidad de carácter, por así decirlo. Puede doler escuchar ésto, pero funciona. Sé que muchos dirán que se puede llegar a cometer excésos con personas inocentes. El temor lógico de ser uno de ellos es lo que a las finales sirve para tratar de impedir que la policía haga uso de su "idioma". Es cierto ése temor, indudáblemente, pero no es insalvable. Basta con no actuar como un delincuente y hacérselo recordar al policía. Decir: no soy un delincuente, vamos a la comisaría y allí lo aclaramos. Mostrarle su documento de identidad, de trabajo, tarjeta de presentación o cosa parecida. Pero en ningún caso resistirse al arresto, porque automáticamente el policía puede interpretar que uno si es un delincuente y actuará en consecuencia. Reglas sencillas y fáciles de entender y aplicar. Pero que permite al policía tratar a las personas de ambos lados de la ley. Ellos no son violentos por naturaleza, pero deben estar preparados para hablar con el único lenguaje que entienden los delincuentes. No quiero que se piense que soy un fiel defensor de los cuerpos policiales, que no creo que se puedan cometer excesos o equivocaciones. Es más, a un pariente lo golpearon un par de malos policías y lo dejaron tirado en una playa y sólo por levantar la mano como para parar lo que creía que era un taxi, cuando en realidad era un carro policial; todo por una borrachera. Presentó su queja y ambos policías fueron enviados a la zona roja, en los tiempos del terrorísmo. Una lección para todos; consecuencias de beber en exceso y de abusar de la autoridad que representan. Pero ésos casos aislados, no deben de servir para generalizar y que a las finales, los delincuentes salgan de ganadores. El ciudadano común debe sentir respeto hacia el policía, aquel que hace lo que nosotros no podemos: autodefendernos del delincuente. Y a la vez, el delincuente debe sentir miedo al policía, el único idioma que entiende. |