SANTA CRUZ DE LA SIERRA (De un enviado especial).- El reclamo se repite aquí en boca de todos: autonomía, autonomía y más autonomía. Porque para los habitantes de Santa Cruz de la Sierra, distanciarse del poder central es la única forma de ponerle un freno al presidente Evo Morales, que ayer redobló la apuesta al avanzar con su proyecto de nacionalizaciones.

A más de dos años de la llegada al poder de Morales, Bolivia se transformó en un tren con dos locomotoras que avanzan en direcciones opuestas y con destino incierto.

A medida que se acerca el referéndum sobre el estatuto autonómico que se celebrará pasado mañana en este departamento, La Paz y Santa Cruz se enredan cada vez más en una pulseada que amenaza con poner en juego la frágil unidad nacional de Bolivia.

"La autonomía es una respuesta a los atropellos del gobierno", dijo a LA NACION Alberto Méndez, un cruceño de 57 años que reconoce nunca haber visto tanta tensión entre su región y el gobierno nacional.

Es que, en muchos sentidos, el referéndum parece más una demostración de fuerza regional que una consulta popular. Su resultado se sabe de antemano: las encuestas pronostican una victoria del sí por más del 70 por ciento de los votos.

"El domingo voto por el sí en forma de protesta contra el gobierno", explicó Liliana Lorini, una estudiante de 25 años que nació en La Paz y vive en esta ciudad desde hace cinco años. "Yo había votado por el MAS [Movimiento al Socialismo, de Morales] en las elecciones presidenciales, pero me desilusionó. Por eso, este domingo hay que demostrar que hay una oposición, que Santa Cruz está decidida", agregó.

En cuanto se ponían a hablar del referéndum o del gobierno de Morales, los cruceños olvidaban rápidamente la parsimonia del feriado de ayer, y se lanzaban en largas diatribas contra el presidente.

"Evo provocó esta situación, dejó de lado al Oriente. Para él, primero están los indígenas y después el resto. Lo que queremos los cruceños es que el dinero que se produce aquí no se vaya a La Paz. Autonomía es no depender del presidente y menos de su gente", opinó Pamela Alanes, una cruceña de 29 años cuya visión deja bien en claro los ejes del enfrentamiento de esta región con el poder central: el tema racial y la economía.

Bolivia es un Estado unitario, y como tal, las principales decisiones políticas y los recursos económicos se centralizan en La Paz, lo que no despierta ninguna simpatía aquí. Se suma el marcado matiz indigenista que Morales le impregnó a su gestión, que para los aymaras y los collas es sinónimo de justicia, pero para los cambas (como se conoce a los bolivianos de la zona oriental del país) es puro revanchismo y rencor.

Por otro lado, Santa Cruz es, por lejos, la región más pujante del país, y se siente prisionera de los dictámenes del gobierno central. Apoyada en la agroindustria, esta región produce el 30% del Producto Bruto Interno, aporta alrededor de 37% del total nacional de impuestos y recibe casi la mitad de la inversión extranjera. Este auge económico trajo aparejado un crecimiento de la población, que se incrementa en una cifra cercana al 10% anual y hoy supera los dos millones de personas.

"No es poco lo que está en juego. Lo que sucederá el domingo es el primer paso de un Estado simple a un Estado federalista. El paso de una monarquía a una república. Es el comienzo de un quiebre en 200 años de historia", explicó el analista político boliviano Diego Ayo.

Otros referéndums

Como Santa Cruz, los departamentos de Beni, Pando y Tarija también celebrarán referéndums similares entre mayo y junio. Estas cuatro regiones opositoras, además de compartir sus anhelos autonomistas, se oponen con firmeza a la Constitución de carácter indigenista y estatista promovida por el oficialismo, que además plantea limitar los establecimientos agrícolas privados agrícolas, en su mayoría ubicadas en Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija.

Ni el gobierno, ni los organismos internacionales pudieron detener la consulta popular cruceña. El enviado especial de la Organización de Estados Americanos (OEA), el argentino Dante Caputo se reunió anteayer de forma separada con Morales y con el prefecto (gobernador) de Santa Cruz, Rubén Costas, y volvió a fracasar en su intento por mediar en la crisis.

De ahí la importancia de lo que sucederá pasado mañana. Es cierto que se trata de un referéndum ilegal porque la Constitución boliviana, de 1967, no contempla la noción de autonomía. Pero los cruceños sostienen que se trata de una consulta popular legítima.

Aún no queda claro qué sucederá a partir del lunes, luego de la previsible victoria del sí. Una de las grandes incógnitas es cómo se implementará el estatuto promovido por las autoridades de línea conservadora, líderes cívicos y organizaciones empresariales.

Los más optimistas creen que tras el referéndum se podrá, finalmente, reanudar el diálogo entre Santa Cruz y el gobierno. Las otras opciones son menos alentadoras, y nadie descarta el peor de los escenarios: una división del país. Es una idea que flota en el aire de esta ciudad, y que tiene en vilo a toda América latina por sus imprevisibles consecuencias.

"Santa Cruz puede sola. Y nos iría mejor", dijo un joven cruceño que adoptó con total naturalidad las posturas más extremistas de un conflicto que cada día deja menos lugar para los moderados.

Fuente: Diaro La Nación

Esta nota es relativamente vieja, antes de que se haga el referendum en el que ganó el sí.
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