"Embocarla o no es relativo, pero esa falta no debí cometerla..." Ya estoy bien. Mejor. Menos dolorido por esta eliminación. Ya comencé a relajarme. Tampoco voy a arrastrar la mala onda todas las vacaciones. Duele porque teníamos una gran expectativa, una gran ilusión de volver a ser campeones, pero hay que aceptar que nos enfrentamos los dos mejores equipos del Oeste (con Dallas se perdió la serie semifinal 4 a 3) y se nos escapó en el último segundo. Esa serie era una lotería, cualquiera de los dos podía ganar, y nos tocó a nosotros quedar afuera... Ya está. Sólo uno puede ser campeón. Seguro que habrá nuevas oportunidades. Para la franquicia fue también un golpe doloroso, porque todos sentíamos lo mismo, sabíamos que podíamos ganar el título. Hubo mucha tristeza. También fue duro por Michael Finley, que vino de Dallas a jugar con nosotros porque quería ganar su primer anillo. Hizo un gran esfuerzo y no logró cumplir su sueño. De todos modos esto nos crea un nuevo desafío y provoca más hambre para la próxima temporada. Hay que aceptar que en una serie tan pareja, donde seis de los siete partidos se definieron en los últimos segundos, un tiro, un rebote o un pitazo definen el resultado. Por ejemplo, muchos dicen que en la última jugada del tiempo regular del último partido Tim (Duncan) recibió una falta después de mi tiro y no fue sancionada. Yo no la vi, no pude verla, pero dos tiros libres a favor cambiaban el resultado. Tampoco la vi en una repetición de televisión. Los jugadores siempre pensamos que los árbitros nos perjudican. Por eso quedamos todos indignados en el vestuario por ese pitazo que no sonó, pero no creo que los árbitros hayan tenido mala fe. Hubo tantos fallos polémicos en toda la serie, pero siempre desde una óptica particular de jugador. Lo que acepto es que no debí cometerle falta a Dirk Nowitzki cuando quedaban 21 segundos y ganábamos 104 a 101. Con ese doble más el tiro libre por la falta mía, ellos empataron y fuimos al suplementario. Me hizo enojar y me dio más bronca esa acción que el tiro que fallé en el último segundo. La pelota puede entrar o no. Embocarla o no es relativo, pero esa falta no debí cometerla. Pensé que alcanzaba a bloquearle la pelota, pero el alemán es muy largo y saltó mucho. Se fue muy arriba. No llegué y lo toqué. En otro partido de esta serie, en una situación parecida, arriesgué igual y conseguí quitarle una bola decisiva a Jason Terry. Por supuesto que recibí reproches desde el banco después del foul a Nowitzki, pero fue sólo en ese momento. Después del partido no se dijo nada más. Hay que tener en cuenta que hubo doscientos mil errores en toda la serie, nuestros y de ellos. Bueno, el basquetbol es un juego de errores, así que... En la jugada final, la del cierre del tiempo regular de ese séptimo playoff, la idea era que jugara uno contra uno, de frente al aro y tratando de consumir todo el tiempo posible para que no les quedara una oportunidad a ellos. Tenía que penetrar y tirar en el último segundo, dejando unas décimas para que Duncan definiera tras un rebote. Y bueno, no se dio. Si ahora analizo qué hicimos mal, qué debemos corregir para la próxima temporada, sinceramente no encuentro nada relevante. No se puede empezar a cambiar cosas por un tiro que no entró en una serie parejísima y frente a un gran rival. Quiero valorizar eso: Dallas es un gran equipo, que defendió brillantemente y que en algunos momentos tuvo una eficacia terrible. Tampoco escuché que se hablara de nada dentro de los Spurs. Es muy temprano para hablar de cambios o de jugadores que podrían no seguir. Así que hay que pensar en las vacaciones. Parece que mis mejores años en la NBA son los impares (campeón en 2003 y 2005). También podemos considerar esto algo favorable desde el punto de vista de la preparación para el Mundial de Japón. Voy a llegar más descansado a la selección. Y me va a venir bien, porque ahora, unos días después de terminada la serie con Dallas, el relajamiento empieza a traer algunos dolores físicos. Imagino que el más contento con mis vacaciones debe ser Sergio Hernández... Así que estos días los aprovecharé para seguir por televisión la final de la Liga Nacional -no lo hice antes porque coincidían los días de juego-, que mi hermano (Sebastián) está disputando para Libertad, de Sunchales, contra Gimnasia, de Comodoro. Yo no tengo el canal internacional de TyC Sports, pero iré a verlo a la casa de Fabri (Oberto). El problema es que el único partido que vi allí fue el que perdió Libertad en las semifinales con Atenas. Sebastián se tiene mucha fe, aunque poco hablamos del tema porque así como a mí no me gusta que me hablen de basquetbol en una instancia tan importante, trato de no molestarlo con lo mismo. Hablamos de otras cosas.
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