Es posible que venga de alguna otra galaxia y sea realmente inhumano todo lo que hace. Lo cierto es que Manu Ginóbili hace lo humanamente imposible para ser cada vez más galáctico. Cada vez mejor. Cada vez más goleador. Más rebotero. Más impresionante. Cada vez tiene la mano y el corazón más caliente. Cada vez es más determinante en situaciones definitorias y extremas. Capaz de ser el mejor rebotero de la fecha y de su carrera (15 ante Toronto) y, 48 horas después, ser más espectacular aún, como en el triunfo de visitante ante Cleveland por 112 a 105, donde clavó 46 puntos e hizo la mejor marca en triples de su vida: 8 de 11.
Dejando de lado sus asombrosas estadísticas personales en los Spurs, basta con verlo jugar para comprender que -salvando las distancias- no hay un sólo futbolista argentino que alcance la dimensión de este Ginóbili. Si la selección de Basile contase con un Manu, tal vez no habría perdido la final de la Copa América ante Brasil y por goleada: en el último cuarto ante los Cavaliers, en el momento más decisivo del partido del miércoles, el argentino tiró para 18 puntos y no falló ninguno. Ni uno...
Siguiendo con el odioso juego de las comparaciones, si Pekerman hubiese tenido un Ginóbili, es probable que Argentina no habría llegado a los penales con Alemania en el Mundial 2006: Manu metió 46 ante Cleveland, su segunda mejor marca histórica y la más alta en tiempo reglamentario (en sus 48 tantos contra Phoenix hubo dos suplementarios). Y si a Bielsa le daban un fuera de serie como el escolta de San Antonio, seguro que ganaba la Copa América 04 y no se volvía en primera ronda de Japón-Corea 02: el miércoles, con 30 años y en su sexto partido en nueve días, entre otras exquisiteces, superó su récord de triples. Manu no para de crecer. Hoy por hoy es uno de los 10 mejores jugadores de la NBA. En estos últimos días, tal vez a modo de queja por no haber sido elegido para el Juego de las Estrellas, fue una máquina de ganar, de lucirse y de quebrar sus récords.
Definido por su técnico Gregg Popovich como el jugador más competitivo que dirigió en su vida, el argentino está teniendo un febrero superlativo. Lesionado el francés Tony Parker, Ginóbili es más dueño de los Spurs que Tim Duncan, la primera guitarra del campeón de la NBA. San Antonio, de la mano de su número 20, ganó este mes 5 de los 6 partidos que disputó. Manu fue determinante ante New York (20 puntos) y fue el goleador ante Toronto (34) y logró allí su mejor récord en rebotes (15). Pero no se conformó con eso. Fue a Cleveland, ciudad de Ohio donde terminó de conquistar su tercer anillo hace ocho meses, y se mostró definitivamente imparable.
"Fue un partido especial. Sentí que cada tiro iba a entrar y así sucedió", dijo Ginóbili tras jugar 41 minutos y meter 15 de 20 tiros de campo (8 de 9 libres), conseguir 5 rebotes y dar 8 asistencias. Duncan lo siguió con 23 puntos. ¿Oberto? Aportó 4. Enfrente, LeBron James llegó a 39. Encima, faltando 53 segundos, The King James se comió un soberbio tapón de un Manu que, decididamente, parece más que humano. |