| Super Ace
Fecha de Ingreso: May 2005 | Nota a Fabricio Oberto | |
Un sueño de nueve años El cordobés Fabricio Oberto firmará la semana próxima con el campeón San Antonio, será el socio ideal de su amigo Ginóbili y cumplirá, al fin, el gran objetivo de jugar en la NBA. "Desde los 21 años trabajo y me sacrifico para esto", dijo el pivote Las sensaciones se mezclan y alternan protagonismo en la mente de Fabricio Oberto. Por momentos siente la enorme felicidad de saber que pronto se calzará la camiseta N° 7 de los Spurs y cumplirá el largo sueño de ingresar en la NBA; de a ratos le surgen intrigas y analiza cómo será vivir en San Antonio y jugar en el campeón junto a Manu Ginóbili y Tim Duncan. Pero también, aunque no quiera, los fantasmas de viejos pases frustrados al mejor basquetbol del mundo lo enfrían y obligan a contener emociones.
De todos modos, hay un sentimiento que crece y flota por encima de todo: es el que provoca la pequeña Julia, su primera hija, que nació el 6 del actual y que, como dicen las abuelas, trajo un gran pan bajo el brazo.
"Quiero disfrutar estos momentos previos. Tantas veces estuve cerca y no se dio que ahora quiero vivir esta linda sensación. Está todo arreglado con los Spurs, hay un preacuerdo, sólo falta firmar. En principio, debió concretarse en estos días, pero la NBA retrasó la fecha de la firma de los agentes libres para la semana que viene."
Este gladiador, de 2.08 metros, nacido hace 30 años en Las Varillas (a unos 180 kilómetros de la capital cordobesa), ganador de tantas medallas (dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas y plateada en el Mundial de 2002, entre otras), matiza la espera en familia, con amigos y entrenándose todas las mañanas en el gimnasio de Instituto, de Córdoba. -¿No querías hablar del pase por miedo a que se frustrara?
-No sé, me parece que se apuró mucho la noticia. Yo quería que todo fuese más tranquilo. -¿Qué suponés que te va a pedir el DT Gregg Popovich?
-Defensa y rebote, que es lo que mejor hago. Sólo quiero sentirme útil para el equipo, y estoy dispuesto a sacrificarme por eso. Supongo que necesitaré un período de adaptación, pero no creo que en lo táctico se me complique. Bueno, hay que ver qué me piden cuando llegue allá. -¿Creés que tu estilo encaja bien en el de los Spurs?
-Sí, claro, es un estilo más europeo. No me veo en un equipo que hace todo a gran velocidad. -¿Cuánto te beneficia la presencia de Ginóbili en el plantel?
-Manu es una superestrella de la NBA y un gran amigo que me puede dar buenos consejos. Los dos disfrutamos mucho jugando juntos. Hablé con él un par de veces estos días porque tengo muchas intrigas de cómo es todo aquello. Le pregunté sobre todas las cosas. En la selección no hablábamos de nuestros equipos. -¿Cómo imaginás tu llegada a San Antonio?
-Mucho no quiero pensar, pero seguro que será un momento muy emocionante. Lo voy a medir por mi dolor de estómago, que es una sensación que tengo casi siempre antes de los partidos, incluso cuando me toca un rival fácil, porque pienso: ¡mirá si perdemos con éstos! Será algo muy grande porque desde los 21 años vengo esperando este momento. -Hace 9 años ningún argentino había llegado a la NBA. ¿Por qué vos tenías esa ilusión?
-Porque me parece lo máximo dentro de mi profesión, significa subir al escalón más alto. -¿Qué pasó a los 21, que comenzaste a soñar con la NBA?
-Todo empezó con un torneo que jugamos con la selección en Brasil y dijeron que había reclutadores de la NBA mirándonos. Yo creí que tenía chances, incluso me invitaron a jugar un torneo en los Estados Unidos. Al año siguiente me pusieron en la guía del draft. Se fueron sumando cosas hasta que, en el McDonald´s de París, llegó la propuesta de Chicago, que se frustró por mis agentes, y luego los intentos fallidos con los Knicks. -Debe de haber sido muy duro soportar tantas desilusiones.
-Fueron muchos años de sufrimiento, de trabajar y sacrificarme pensando en la NBA. Siempre quise llegar. En un momento, cuando decidí irme a Tau Cerámica, quise olvidarme de todo y convencerme de que la NBA no era para mí, pero el sentimiento siempre estaba latente. -¿Te llega un poco tarde?
-No, para nada. Es el destino. Si se da ahora debe ser por algo. No pienso cuánto tiempo más podré jugar, pero me siento con más ganas de trabajar que a los 20 años. -Ya te habrás dado cuenta de que nadie tiene la camiseta número 7 en los Spurs.
-Sí, ya lo vi, estoy esperando que me pregunten para pedirla. -¿Por qué pensás que te eligieron recién ahora?
-Debe de ser una suma de cosas. Los triunfos que tuvimos con la selección frente al Dream Team, en el Mundial y en los Juegos Olímpicos, deben de haber pesado mucho, pero también mi rendimiento en Europa y la experiencia que fui sumando. -¿Es cierto que también Sacramento y Chicago te querían?
-Lo único más o menos formal creo que fue lo de Memphis. De los otros no escuché nada. Le dije a mi agente que sólo me avisara sobre la posibilidad de ir a jugar a la NBA si había una propuesta seria y concreta. -Barcelona, Real Madrid y Unicaja ofrecían mucho dinero por tu contrato. ¿Al elegir la NBA resignaste algo?
-No analicé mucho las cuentas, pero supongo que no. Si hubiese sido una cifra importante me habría quedado en Europa. -¿Pese al gran sueño?
-Sí, es mi carrera y mi futuro. -¿Y de qué equipo sos hincha?
-¡De San Antonio! [risas] -No, no, no, mirá que voy a...
-¿Al archivo? -Sí, sí, antes del Mundial contestaste esa pregunta.
-[Más risas] Bueno, era hincha de Chicago porque me gustaba ver jugar a Tony Kukoc, trataba de copiarle sus movimientos. Me parecía un jugador interesante. -¿Y Jordan no?
-Era un jugador supremo, pero muy difícil de imitar. -¿Jugar en el campeón significa alguna presión extra?
-Seguro, pero siempre me gustó ese tipo de presión. Siempre quiero estar en equipos con ambiciones. -¿Y qué promesa hiciste por este sueño cumplido?
-Hice una: voy a ir a un lugar, pero te cuento después, viste, por las dudas.
Fabricio siente la camiseta blanca o negra de los Spurs en el pecho, pero sufrió demasiadas frustraciones para desafiar ya a los fantasmas que lo acecharon nueve años destrozándole un sueño a un paso de ser cumplido. |