Anoche, el bahiense estuvo en Show Match. Habló del buen momento que está pasando, de la frialdad de Tim Duncan y de las cosas que extraña de la Argentina. Luego, con Marcelo, probó unos tiros a la canasta.
“Tengo más presión ahora que en el partido 7” decía Manu. Es que en el primer intento que hizo Marcelo, como para practicar, se mandó una bandeja bajo el aro y embocó. Ante tanto despliegue de habilidad, el bahiense no podía quedarse atrás. También hizo las suyas. Por izquierda, por derecha. Un fenómeno este “Obi One” Ginóbili. Entonces empezaron los tiros al aro. Pum y adentro… uno para Marcelo. Le tocaba a Manu. Uno, dos, tres ¡y no entraba! Hasta que entró. Pero Marce ya estaba agrandado. Esa primera rueda la había ganado él, pero como es un noble deportista le dio la revancha a Manu. Probaron de nuevo. Y pasó más o menos lo mismo. Al bolivarense le costó un poco más que la primera vuelta. Manu embocó en el cuarto intento. ¡Cómo costó que entrara!
Suerte que no estaban corriendo los “30 segundos de fama” porque no hubiese alcanzado el tiempo: hubiera sonado la chicharra y el 20 de San Antonio se hubiera quedado con la canasta vacía. Se ve que el porte atlético de Tinelli intimida más que el de las forzudas bestias de las NBA. O será que, haciendo gala de la extrema y excesiva capacidad de descreimiento que hemos desarrollado, estos tiros también pudieron haber estado arreglados.
-Che, cortenlá con tanta suspicacia ¿En todo ven una conspiración, ustedes?- nos dirán. Y tal vez tengan razón. Pero si la cotización de Manu baja a causa de estos tiros marrados y después Tinelli lo compra para incorporarlo a algún equipo de básquet de Bolívar, no nos vengan con que no les avisamos.
De todas formas, hay que apuntar que la entrevista estuvo agradable. Con un Ginóbili distendido y muy feliz por el excelente momento que está pasando. En medio de la charla se mostró un video que recopilaba toda su trayectoria. Emocionaba ver los malabares que desde chico hacía con la pelota.
Marcelo le preguntó qué sintió apenas terminó el partido. “Lo primero que se siente es alivio”. Y claro, pobre, tanta corrida de un lado para otro, tanto cuerpeo con semejante monstruos, no cabe otra idea que pensar que el pitazo final otorga un gran desahogo. También se tocó el tema de la frialdad de Tim Duncan: “Es para el mundial de póker”, contestó Manu, en una de esas respuestas casi maradoneanas.
“¿Qué se extraña?”, quiso saber Marcelo. “Asado en familia”, “una cena con amigos”, “una sobremesa hasta las 3 de la mañana hablando pavadas” fueron las respuestas que enumeró el bahiense. Se refirió a los golpecitos que recibe en plena faena, a los partidos más “chivos”, (para él, contra los de Seattle). Mucho roce, mucha “pierna fuerte”, como se diría en nuestro fútbol.
“¿No es un ‘morfón’, Parker?” interrogó Marce. Y Manu, defendiendo elegantemente a su compañero, nos contestó con una “teoría sobre el base anotador”. No fue suficiente para convencernos. Nosotros, igual que Marce, creemos que Parker es un “morfón”. Y que el premio al jugador más valioso de las finales, a pesar de los elogios que repartió para Duncan, tenía que haber sido para él. ¿Parciales nosotros?. |