Parejita
por - 18/07/2008 a las 21:25 (300 Visitas)
Dejame contarte una historia de la primera pareja de hombre y mujer. Sí, me imagino que estarás pensando en Adán y Eva, pero mi versión es otra, mucho más antigua. Este es el mito que circulaba en una tribu más antigua que la doma del fuego y las herramientas de piedra, cuando el lenguaje era todavía algo novedoso y respetado. No como hoy en día.
Ya desde el principio había muchos hombres y mujeres. Por favor, no seas iluso, dejá tus sueños de la isla paradisíaca de lado, de la parejita solos, comiendo frutos regalados, construyendo su choza, felices en su existencia de rutinario sexo. Es más, si fuera tan rutinario perderían el impulso para hacer otras cosas, y morirían de hambre. Felices, pero morirían.
No, eran unos cuantos. Los hombres crecieron de la tierra, como árboles y arbustos, ya en su forma adulta, porque no existían los bebés (no había cómo hacerlos). Las mujeres emergieron de las olas del océano, de la espuma aparecieron sus sonrisas. Todavía hoy en día podés sentir sus caricias, ¿nunca percibiste la semejanza entre el tacto de una mujer y el roce de las aguas? No fueron planificados, simplemente nacieron porque así debía ser, porque otro dúo en tensión debía aparecer. El problema es que al principio no había ninguna tensión.
Cuando te dicen que el hombre (queriendo decir el humano) elige a su objeto de afecto por identificación, te dicen la verdad. Pero se quedan cortos. Es que al principio los muchachos sólo elegían a los muchachos, y las chicas se quedaban con las chicas (y lo digo así, porque al igual que no había bebés, tampoco había ancianos). Boludez, eso de que la homosexualidad es antinatural. ¡Es la relación original entre seres humanos! Todavía hoy en día podés ver algo de estos lazos en las relaciones de personas del mismo género. Todos esos abrazos, palmadas, y afecto entre amigos varones, ¡y ni que hablar de la confianza y lealtad, aún mayor que con sus mujeres! Y en las señoritas se nota en su competitividad, esa agresión subyacente, queriendo superarse una a la otra, o tal vez ponerse encima…
Ahí es donde empezó el problema. Las féminas no querían subordinarse unas a otras en sus relaciones de pareja, por decirlo así, no querían estar abajo (el mito apócrifo de Lilith rescató algo del original). No me malinterpretes, realmente se deseaban y amaban, pero las relaciones basadas en completa igualdad son inestables. No digo que uno tiene que subordinar o subordinarse, sino que se tiene que complementar con el otro. Y las mujeres no lo hacían. Raro que los hombres no tuvieran problemas, pero ese secreto se me escapa incluso a mí.
¿Sabés en qué pensó una de estas chicas primordiales? Habiendo visto a los hombres, como los animales más parecidos a ella que encontró (aunque también había considerado a los caballos, los perros, y los espíritus de los árboles muertos), decidió utilizarlos como herramienta (acordate que todavía no se había inventado ninguna) para darle celos a las otras, y continuar compitiendo con ellas. Quién recoge más ramitas. Escogió a un tipo bien fornido, velludo y barbudo, el mejor cazador (y a partir de ahí se inició la moda de que el mejor conquistador de mujeres es el “cazador”, aunque ya las señoritas los prefieren menos peludos). Y… al principio le dio un poco de asco, pero hay lo que se llaman “gustos adquiridos”. Como el púber que empieza a fumar para hacerse el canchero, así esta señorita y el muchacho iniciaron el primer intercambio. Y nunca volvieron atrás.
La mujer, digámoslo, estaba un poco enceguecida por su afán de superar a las otras. La pobre no se dio cuenta que lo que la llevó a estar con un hombre era su resistencia a “ponerse debajo”, ¡y era justamente lo que estaba haciendo ahora! El hombre la tuvo regalada, esta primera conquista fue la más fácil de toda la historia de la humanidad (para algunos de nosotros las cosas no son tan simples), y él mismo la usaba para fanfarronear con los suyos. Otra aclaración, a él le encantó. Ciertamente había tenido su cantidad de hombres, y algunos animales que en el futuro se convertirían en ganado. Pero esto iba más allá. ¡Sí! Las curvas armoniosas, cómo las piezas encajaban entre sí, era todo perfecto, tanto que en el futuro ambos géneros llegarían a pensar que fueron diseñados el uno para el otro (ya sea por un mito como el de Adán y Eva, o una explicación científica como la aparición de la reproducción sexual entre las células primitivas).
¿Y qué pasó con esta primera parejita? Si te estoy contando esta historia es porque bien no va a terminar. Adán y Eva no terminaron bien. Romeo y Julieta tampoco. Sansón y Dalila. Marco Antonio y Cleopatra. Sabés que podría seguir enumerando un largo rato.
Hay un refrán entre los hombres, que sigue hasta nuestros días, que dice así: “Las mujeres van y vienen, pero los amigos quedan”. ¡Y qué más puede esperar uno de un amigo que ser salvado de su propia estupidez! Al menos eso pensaron esos varones primitivos del único que se había atrevido a juntarse con una mujer. Era una locura, era una bruja, le había puesto un hechizo. Me recuerda a la Inquisición. ¿Sabés que más de tres cuartos de las víctimas de la Inquisición eran mujeres?
Los apresaron. A él le hicieron tragar una roca tan grande como para asfixiarlo, no sin antes gozarlo un poco (parece que después de todo sí había una relación subordinada entre los hombres). ¿Y ella? Justo después de haber matado a su muchacho, la tocaron, y se dieron cuenta del error que habían cometido. Entendieron por primera vez sus mociones internas. No más varones. Recordaron los lengüetazos del agua sobre la costa, la erosión sobre las rocas, las caricias del líquido templado, que lo recibe y abraza a uno cuando se sumerge. Se lamentaron del fratricidio, pero siempre les quedó cierto resentimiento con las féminas, que los impulsaron a pelearse entre sí. Por lo menos, así es como les quedó en su subconsciente colectivo, ya algo distorsionado.
La señorita. La dejaron ir. ¿Qué sería de una historia sin una joven que perdió a su amor, pero sobrevivió para lamentarse y convertirse en una, la primera, anciana viuda? Volvió a advertirles a las suyas de los peligros de los hombres. Cuando llegó al campamento ya ninguna quedaba. Habían ido en bandada hacia los varones, corriendo una sobre otra, empujándose y metiéndose la pata.
Comentarios
Trackbacks
Total de trackbacks 0
URL del trackback:


