Copia grotesca de una vida preliminar
por - 12/10/2008 a las 13:02 (584 Visitas)
Los libros, cuentos, ensayos, actúan como promotores de ideas errantes o decididas en el amplio vagaje cultural.
Tan es así, que cierto amigo se sumió en tan hermosa dicha al leer la segunda parte del Quijote, que decidió imponerse la tan quimérica y prescindible tarea de re-escribir el libro, de manera que las ideas, los párrafos, cada línea, surgiesen de su propia imaginación, por pensar como el autor original. Nunca quiso hacer una copia grotesca, con el libro como fuente. Se dedicó a pergeñar el entorno, y a disponerlo, de manera tal que viviese como el autor. Un tropiezo freudiano del intelecto, lo condujo a creer posible tan magnánimo hecho. Suponiendo que las vivencias e ideologías concebibles en el ser humano, son resultado de determinado entorno cultural, político y social. Mi amigo, no tardó en escribir un libro respecto de las formas que lo llevarían a desembocar en tamaño emprendimiento, ante las miradas ajenas de sus progenitores, después de todo, su misión de convertirlo en un abogado más de su estirpe de doble apellido, se veía abortada por un delirio quijotesco (justamente, y no miento), que la vida le presentó al desdichado.
Intentó asesinar al presidente de turno, con el fin de instaurar una monarquía. Cierto es que el presidente falleció, pero asesinado por números mentirosos de cierta entidad falaz. Buscó las posibilidades de invención de una máquina del tiempo, pero desistió por la visible iniviabilidad, aunque el supo enmascararlo con la excusa de que el resultado, hubiese sido un inimaginable encuentro entre el autor, y su obseso pseudo-monaguillo. Cualquier paradoja de los viajes temporales, podría haberse cumplido, de hecho. Salió por los caminos mundanos a predicar una des-ética del aparentar y del querer ser, pero evitó caer en la cuenta de que, ciertamente, era el modelo que ya imperaba. El conjunto de hechos, terminó por convertirlo en un desdichado. Un luchador de su siglo. A renegar del inútil entorno, que le producía jaquecas interesantes. Su libro se vendió en varios ejemplares, y por conclusión, termina explicando la imposibilidad de tamaño emprendimiento. Seré sincero al decirles que si está entre mis manos, es fruto de un regalo de cumpleaños. El típico regalo ante el que hay que esbozar una trsite sonrisa. También les confío que nunca lo he leído. Me limite a leer las críticas hacia el mismo, que surgieron atolondradas como inútiles best-sellers que intentaban dar luz sobre la célebre novela de Dan Brown. Uno de cierto ex-presidente, fué mi preferido. Citaba frases en griego y las confrontaba con textos de Sócrates.
Es triste hacer notar, que finalmente, terminó por declarar, perturbado y desencantado, que el tomo que había leído, era un apócrifo de cierto autor impío llamado Avellaneda, y no el verdadero. Semejante hecho, lo llevó a la locura y al suicidio en cierto Riachuelo de la ciudad. Algunos dicen que intentó safarse de las aguas, pero el hedor circundante, lo ahogó sin piedad. Otros dicen que terminó convirtiéndose en el personaje del libro que quería imitar. Unos últimos especuladores, confían que ese fue el plan desde un principio. Pero fué propio de él. Plagió, y lo hizo a la obra equivocada. Su amor platónico (rozando con lo aristotélico), Amarguela del Toboso, declara que en los últimos tiempos, solía vestir con un yelmo confeccionado con alambre y madera, para protegerse de unos mosquitos (que por cierto, nunca existieron), lo cual da fe de su incipiente locura.
Empiezo a creer que logró su cometido, y que en realidad, el obejto de copia, fué desde um principio, el Quojote. Aún así, me atrevo a quitarle todo tipo de crédito, ya que fué un calco del personaje equivocado.
Aún hoy lo recuerdo con cariño.
Finalmente, he de revelarles que (conciente o inconcientemente... nunca entendí a Freud) terminé por actuar de igual forma que el fallecido, y aquí estoy, dando data de la existencia del mismo, tal como cierto autor descabellado, hizo alguna vez. Y ulteriormente, todos caemos en la cuenta de que nosotros mismos somos un plagio. Una copia absurda de alguien más. Nuestra vida es un tramado engañoso de miles de fragmentos de vidas anteriores, como una extraña unión desprolija.
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Lo anterior es un falso y prominente homenaje a dos autores que ustedes mismos adivinaran. Falso porque en realidad es una copia. Prominente porque no se. Y homenaje...ustedes diran...


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