Mejor un diamante
por - 29/04/2010 a las 13:16 (534 Visitas)
Dije a escribir. Acá estoy. Un par de ideas que se me soltaron después de leer específicamente un párrafo:
“Si en nuestra vida …. hay crítica y hay resentimiento, también lo hay en nuestro cuerpo. Eso se guarda en moléculas. Hay moléculas de resentimiento, de separatividad, moléculas que nos pueden producir infarto en nuestras relaciones interiores, moléculas que nos desconectan. Ellas también son factores que llevan la conciencia hasta el cuerpo. Cada molécula es un paquete de conciencia. Son amplificadores y portadores de conciencia que frecuentemente han encontrado su origen en el cuerpo emocional, en el campo emocional”.
Así lo explica Jorge Caravajal en su libro “sanación, curación desde la conciencia”.
Y no por eso lo doy por valido convengamos. No tengo ni un atisbo de fe a los preceptos humanos a no ser, a no ser que lo haya comprobado desde la pequeña plataforma que contiene y en donde derramo mis vivencias y mis días. Sin embargo este Jorge que esta mañana leía, un Jorge de los tantos que cruzare en mi (espero) larga vida, expuso ciertamente un precepto con el que coaligo a cabalidad y convicción.
Es im-po-sible. Pero no solo imposible, sino además inconcebible fructificar desde lo corrupto. La asepsia no lo se necesita para preparar los alimentos o en el lugar que habitamos sino también para crear un caldo de cultivo que nos permita el desarrollo. La asepsia espiritual es tan importante o más que la física.
Francamente, y debo confesarlo, mi diario devenir, se encuentra por ahora establecido en el trato frugal con innumerable cantidad de personas cuya permanencia en mi mente y en mi ser, es pasajera, transitoria, eventual u ocasional.
Puedo contar con los dedos de la mano aquellos que guardan en su haber los permisos suficientes de penetrar en mi alma, mi yo, y espíritu. De esto me cuido bastante.
Por el simple hecho que la mismidad, y en orden, es el bien inmediato más preciado que reconozco. Yo no puedo depositar mi espiritualidad en manos de cualquiera, ni permitir que cualquiera la manipule. Por cierto que no.
A veces, cuidamos de prestar objetos superfluos o nos hacemos tacaños con un pedazo de papel que contiene la imagen de un prócer, vehículo necesario para movernos en el siglo XXI, a saber, los bishetes.
Bueno, tan o más importante considero resguardar nuestra mismidad de posibles intrusiones.
Siempre digo que quien no se esmera, que quien de pronto no alcanza, a visualizar lo que somos, y en base a ello construir un puente de unión que no invada o avance mas allá de los cánones y desarrollos normales tiempo/espacio, de pronto, no nos merece.
Y no afirmo esto en un esbozo de superioridad o creyendo que valgo más que nadie. Es una reflexión que parte de una postura realista aplicable a todos y cada uno de nosotros, como a vos que lees, de igual forma.
Los seres humanos somos parte de un contexto planetario, de origen universal. Una especie con éxito en su funcionalidad y códigos de uso o vivencia, ya predefinidos desde antes de nacer, nos guste o no.
Somos piezas del universo dispuestas sincrónicamente para un normal desarrollo, que se ve frustrado o abatido en la mayoría de los casos cuando permitimos que agentes X, con la misma capacidad o distinta, pueda penetrar en nuestra burbuja personal y producir una alquimia improductiva en los componentes esenciales de nuestra espiritualidad.
Tener una vista universal y escalonada de nuestra valía, en su justa medida, sin lugar a dudas evitara malestares mayores. Malestares permanentes. No escollos. Sino aquello que por erróneo o insano puede propagarse como peste existencial a lo largo de tiempo.
Tener o lograr una visión justa del papel que jugamos en el intrincado destino social primero y universal después, o si de pronto no lo sabemos, aceptar los derroteros como proveniente de voluntades superiores, nos ayuda a desarrollarnos en un contexto que guarda su justa medida: Estamos con quien debemos estar, somos los que debemos ser, y a partir de esta plataforma fomentar el desarrollo.
No es fácil. Requiere introspección. Tal vez vivencia o acumulación de experiencia y voluntad.
La garantía es que cuando dicho estadio se alcanza, las ventajas y beneficios para nuestra vida fluyen por doquier sin tener que forzar permanentemente nuestro ánimo para llegar a ello.
Parece intrincado pero no lo es.
El simple hecho que aprendamos a resguardar nuestro tesoro más valioso (nosotros mismos, nuestro ánimo y espiritualidad) de la intrusión de personas que aun tienen mucho que recomponer en muchos de los niveles vitales básicos, despierta un espiral benéfico a futuro. Y si esta dentro de nuestras posibilidades, fomenta tambien efectos duraderos cuando nos embarcamos en ayudarlos, siempre dentro de nuestras posibilidades, siempre cuidando que esto no implique bajar a niveles o estratos, en su generalidad inferiores a los que estamos acostumbrados o necesitamos certeramente (hablo del aspecto espiritual/anímico - claro esta).
Adoptar una postura parecida, similar, acorde a tus procesos personales, no solo, (dejo mi propia creencia en estas palabras) nos protege de decepciones, sino que además contribuye a la sanidad antes mencionada, tan necesaria para vivir la vida y que lo vivido a su vez permita hacer un balance positivo. En última instancia, terminamos beneficiando también a los seres queridos, relacionados genéticamente o queridos desde el paso por la vida. Estamos bien, ellos estarán mejor.
Que el lema sea: No cualquiera. Para vos, para mí, para tu ser especial, quien pueda llegar a verlo y disfrutar de él, debe calificar. Intentar comunión de pareceres, diálogos y amistad con la mayor cantidad de personas de buena voluntad posible que se acercan desde la sinceridad. E ir descartando en el proceso lo que no nos es beneficioso para comulgar. Debería ser este el tracto normal (al menos así lo creo) del desarrollo social evolutivo.
Para hacer el bien primero debemos estar bien. Para estar bien primero debemos evitar que nos hagan mal. Empecemos por lo último en este proceso cíclico.
A cuidar lo más importante: Nuestra mismidad.![]()
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