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"No vengan a tasarme el rancho con ojos de forastero".

"No vengan a tasarme el rancho con ojos de forastero".




  1. Ni charrúas, ni guaraníes.............

    por - 21/08/2008 a las 17:28 ("No vengan a tasarme el rancho con ojos de forastero".)
    Como muchos saben mi trabajo es la docencia y desde hace algún tiempo he venido interiorizándome sobre una temática cultural que ha cobrado fuerza a partir de los ochenta. Estoy refiriéndome a las "Tribus urbanas".
    En el paisaje citadino encontramos una variedad inclemente de estas “agrupaciones”, donde constatamos emos, planchas, electrónicos, góticos, skaters, hardcore, punk, malabares, hip hopers, floggers y más. Hay quien habla también de los “ciberchabones”, jóvenes que pasan horas en el ciber compartiendo un sin fin de códigos en común.
    Se diferencian por defender una forma de vestirse, de hablar, con gustos compartidos que van desde el look, hasta la música y que no hacen otra cosa que traducir su singular visión del mundo.
    La mayoría de estas subculturas son importadas para después sufrir una original adaptación.
    Estos grupos más allá de su aceptación suponen un quiebre generacional con conductas disidentes, aportando nuevas propuestas de interacción social y una necesidad de consolidar su identidad. Promueven un sinnúmero de preguntas en el colectivo social, que los observa sin mediar muchas veces comunicación y sin interiorizarse de su manifiesto. Demostrando una actitud poco inteligente y menos sensible.
    Los planchas no se cansan de decir que : “ plancha se nace, no se hace”, es un cliché que han adoptado y lo repiten en forma sempiterna.
    El tema es esclarecer que fenómeno ha promovido que grupos de chicos se vean en la necesidad de aunarse y diferenciarse del resto de la sociedad. En este sentido Tomero Peréz afirma : “A las tantísimas y cambiantes máscaras personales que la sociedad de avanzada ofrece, prefieren la adopción de una máscara fija, auténtica, prototípica y codificable, mediante la cual se pueden reconocer y ser reconocidos” .
    Sí se lo concibe bajo este punto de vista, a una le queda la sensación que esa unión es producto de una incapacidad para adaptarse a las dinámicas sociales. El ...
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  2. Mi relación empobrecida con el Sr. Pucho.

    por - 09/08/2008 a las 14:21 ("No vengan a tasarme el rancho con ojos de forastero".)
    Compañía querida o no, debo admitir que forma parte de mi vida desde larga data.

    de hecho en este mismo instante es el objeto que esta siendo apretado por mis dedos índice y mayor. Pero el tema es que de un tiempo a esta parte los momentos de placer no superan del todo a mis ansias por erradicarlo de mi vida.
    Si bien mi cuerpo aún no ha intentado expulsarlo con mensajes tales como las clásicas toilette matinal que aquejan a algunos fumadores, la pérdida un tantito del sentido del olfato o bronquitis amenazantes que se instalan a cada cambio de temporada, ni tampoco mi presupuesto se vio tan menguado como para dejar de hacer frente, al desmesurado gasto que supone gracias a mi actual gobierno comprar una caja de cigarros por día; es una impronta para mi romper definitivamente mis relaciones con él.
    Mis intentos no han sido del todo buenos, hago un resumen sucinto de mis días de pesadilla, cuando por fin digo, ahora si ¡!.
    El primer día me levanto con el pucho encendido en el cerebro, abandonada la idea de suplirlo con chicles de nicotina, homeopatía o Valium ( mucho menos hipnosis, un problema a la vez ), intento pasar un día normal sin atiborrarme de alimentos, sin horas destinadas al retrete debido a la ingesta exagerada de líquidos, sin crear conflictos con cada uno de los seres que infelizmente se cruzaron en mi camino.
    Me acuerdo de un ítem válido para la ocasión que es esconder todo objeto que me recuerde el cigarro, así que elimino de mi vista ceniceros, encendedores, fósforos, pero ahí la dificultad !, no puedo eliminar a mi marido, ni el sillón, ni la tele. Bueh…
    Mientras tanto la cama me tiende sus brazos, solo durmiendo se disipan mis ansias y me olvido de lo desafortunada que soy, pero no ¡!, porque si pensé dejar el cigarrillo fue apostando a lo que me dicen los slogan, alcanzar una calidad de vida mayor y no con la intención de convertirme en una ermitaña marmota.
    El segundo día intento revertir ...
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  3. Cuando la vida nos invita a pasar al otro lado del mostrador.

    por - 02/08/2008 a las 13:43 ("No vengan a tasarme el rancho con ojos de forastero".)
    Con el titulo me refiero particularmente a la situación en que nos pone la vida, donde pasamos a ser más padres que hijos de nuestros propios progenitores.
    Sin duda podemos barajar una millonada de actitudes para sobrellevar felizmente el asunto.
    Aqui les dejo una perlita de mi anecdotario sobre esta temática y me apresto a leer las suyas.

    Salí hoy en una hora temprana de la tarde del Instituto, felíz porque segura estaba, que en ese examen me había ido de diez. Entonces pense, como premio a tal proeza ( imaginen que sobrevivir a adolescentes, trabajar, alimentar animales y estudiar, no es moco de pavo) iba a visitar a mis progenitores para bañarme de mimos y esas cositas caseras que hace mamá que tanto extraño
    Mandé un mensajito para anunciar mi visita y el aburrimiento de estos viejitos quedo de manifiesto con la contestación......venite, te esperamos ansiosos ( y eso que nos vimos el domingo último pasado).
    Ya en mi casa, porque lo es y nunca dejara de serlo, note que mi madre estaba en el climax de un ataque de distracción extrema. Como buena anfitriona de las de antes, una vez que te sentás en su cocina comienza a dar vueltas y prepara de todo como si una viniese de Vietnam. Arrancó con la cafetera y puso la pava al fuego, la música de fondo de esta escena fue un continúo parloteo porque la susodicha le da duro y parejo a la lengua. Tal charla se vio interrumpida cuando mi viejo taza en mano, en un ruso agónico dice....pero mamá vos no le pusiste café a la cafetera!!. Todos indefectiblemente miramos el electrodoméstico que largaba un jugo de paragüas nada tentador, mi madre aún negandolo relleno de cafe el recipiente mientras la ensalada de palabras que preparamos seguia a todo vapor.
    Llego la hora del matecito, el maté de mi mamá me encanta uno porque lo hace ella, otro porque mezcla sabiamente una serie de yuyos de incierta procedencia pero que aún no me ha matado. Me ceba el primero
    ...
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