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Manuscrito / Capítulo 9

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por - 08/07/2008 a las 14:40 (219 Visitas)
El hombre tomó su probeta y se acercó a la mesa de ella, que con un gesto lo invitó a sentarse.
Dialogaron largamente hasta que el habló.
- Extraño
- Si.
- La máquina conoce tus pensamientos.
Pensamientos que yo despierto y que a la vez ignoro.
- También sabe de tus pensamientos, los cuales desconozco.
- Pero hay algo que a la máquina le resulta imperceptible y no lo es para nosotros.
- Me alegra que así sea.
El diálogo continuó en silencio.
Gentilmente encendió un cigarrillo que ella agradeció con un brillo de sus ojos. Luego encendió el suyo. Fumaron, experimentaron brebajes insólitos, disfrutaron de la mutua curiosidad y pronto sus manos se sumaron al diálogo de sus miradas.
Habló ella.
Propuso Pin-Ball. El no conocía. Solo tenia referencias. Accedió.
Completaron sus probetas. Ella fue hacia el baño y el aprovechó a llamar al camarero.
El camarero digito el teclado y sumo a la cuenta de la mesa de la dama, lo consumido por él en otra mesa.
El introdujo su tarjeta y ratifico el importe abonado. Ella tardó en regresar, como era previsible.
¿Prender otro Cool ? No.
¿Una cápsula de Páez - García? Tampoco.
¿Un café? No da, ya tiene que volver.
Ella volvió sonriente y maquillada.
El la ayudó a colocarse el abrigo y juntos salieron del bar. A mitad de la escalera se besaron.
Ya en la calle, de la mano desandaron las cuadras que los separaban de Pin - Ball.
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