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Peripecias De Una Mujer Sin Sombrero.

Aquí estoy, tratando de armar trazos y lazos.





A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.


Lope de Vega








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</TD></TR></TBODY></TABLE>

  1. Acerca de la intimidad.

    por - 14/10/2008 a las 22:38 (Peripecias De Una Mujer Sin Sombrero.)
    Qué sería de nosotros sin el derecho a la privacidad...<?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
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    El espacio de lo íntimo nos es tan vital como el aire que respiramos, comparación trillada, mediante.<o:p></o:p>
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    Los humanos somos seres sociales, aún antes de haber nacido -quizás años-, otros hablan y/o piensan en nosotros en razón de proyectos, ideales, ganas. Nos imaginarán así o asá, qué nombre nos han de poner, cómo les gustaría que nos desenvolviéramos. Esto funda un precedente a nuestra existencia corpórea que desde el vamos nos instala como sujetos sociales. <o:p></o:p>
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    Nuestro nacimiento se inscribe en papeles de los que resulta que seremos hijos de tal y tal, nuestros padres, quienes tendrán responsabilidad sobre nosotros ante la sociedad hasta la mayoría de edad. Si hasta a estudiar la ley nos obliga desde chicos y de allí en más hay un sinnúmero de eventos, situaciones, actividades que haremos de cara a lo público.<o:p></o:p>
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    ¿Cómo atravesar los diferentes avatares de la vida sin el subterfugio necesarísimo de un espacio preservado de lo que es la escena social pública? Frente a las presiones externas, ¿cómo no tener la posibilidad reparadora de refugiarnos en espacios confidenciales? Ah, la privacidad... Nuestra casa, nuestra familia, nuestros amigos, la soledad con uno mismo. Qué bien sabe liberarse de la mirada extraña para poder expresar emociones, juicios, chistes, quejas o lo que fuera. En chancletas, sin pelos en la lengua, con la confianza que nos despiertan aquellos que hemos elegido para contarles algo que no deseamos ventilar. <o:p></o:p>
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    No hay psiquismo que resista la imposibilidad de resguardarse del ojo público. Todos necesitamos ese rinconcito de ...
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  2. Caminante, no hay camino...

    por - 12/10/2008 a las 03:45 (Peripecias De Una Mujer Sin Sombrero.)
    ... se hace camino al andar. <?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p></o:p>
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    La pregunta por el futuro a los 16 años de un geniecillo de esta comunidad, me ha causado. Gracias, Dam
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    Es una pregunta recurrente, inevitable en la vida de cada quién. Pero, a pesar de su presencia casi constante, se formula o se expresa con innumerables matices en cada ocasión.<o:p></o:p>
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    El dato cronológico es contundente, no obstante, es esa misma pregunta la que retorna y aguijonea nuestras mentes, sin sospechar que, acaso, siempre ha permanecido allí, nunca nos ha dejado.<o:p></o:p>
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    Desde muy pequeñas las niñas juegan a la mamá y vislumbran un futuro ejerciendo ese rol, los niños juegan a la pelota y más de uno se imagina siendo jugador famoso o quizás médico, abogado, albañil, como el papá. No es una cuestión de género, los pibes absorben el mundo de "los grandes" y los imitan, al tiempo que elucubran un futuro como bailarina, docente, taxista, estrella de rock o chef del Gourmet. Hablen de ello o sólo jueguen, la pregunta por el futuro los habita.<o:p></o:p>
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    Con el correr de los años, las decisiones dejan de estar a exclusivo cargo de los adultos y empiezan las elecciones a vistas del futuro, a medias. Así se define qué secundario seguir, quiénes serán nuestros amigos, qué actividades nos convocarán. Y avanzada la adolescencia, acercándose el final del cole, la pregunta acicatea con más fuerza y no sólo referida a qué carrera elegir , también respecto del universo laboral, cómo será armar una pareja o proyecto de familia, por la viabilidad y/o supervivencia de los ideales, como Dam.<o:p></o:p>
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    Pasan los años, los lustros y las décadas. El paso ...
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  3. El enano fascista.

    por - 29/09/2008 a las 22:00 (Peripecias De Una Mujer Sin Sombrero.)


    "Los argentinos tienen un enano fascista adentro", sentenció crudamente Oriana Fallaci, en el marco de una entrevista que Bernardo Neustadt le realizara, hace más de dos décadas, a la periodista italiana.

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    Siempre me sonó chocante esta afirmación que armó tamañísimo revuelo en los opinólogos serios y no tan serios del país, al tiempo que se instalaba en la jerga popular de nuestra sociedad durante los años '80.

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    Lo que esta frase introdujo a la discusión pública fue poner de relieve al petit dictador que cada uno de los habitantes de este país podría albergar.
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    Por un lado, es interesante pensar que la sociedad en su conjunto tiene su parte de responsabilidad en los procesos de autoritarismo que hemos vivido. Es devolverle de esta manera un protagonismo activo que la aleja de pasividad que la degrada como objeto. Además, sin ser una entendida en la materia, a ninguno se nos escapa que ha habido por parte de la sociedad civil un grado de "aceptación" que va desde la tolerancia pasiva, a la complicidad cobarde, hasta llegar a acuerdos siniestros que sólo pueden oler a traición y barbarie para nuestro pueblo.

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    En mi entender, la afirmación de la Fallaci peca tanto por exceso al generalizar, como por defecto al focalizar y particularizar en demasía. El exceso está dado en repartir la culpa por las atrocidades acontecidas entre "todos los argentinos". Aunque, la ...
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