Mostrar feed RSS

Rosebud

Nuestros autores

Calificación: 2 votos, 5.00 promedio.
De variadas disciplinas, ramas, estilos. Confieso que esta entrada se la debo a Orwell y Naniel.

Orwell cuando le respondió a Dami evocando a Gramsci.
Nani y la solidez brillante de acercarnos a Brecht cuando nos hacía falta.

Probablemente también esté relacionado con lo que veníamos charlando en torno a la articulación teoría-práctica. Vaya una a saber porqué llega en este tren y a esta estación, pero llega.

Los referentes teóricos, los que están en nuestro marco conceptual, los que te han hecho click, los que te han conmovido, impactado y porqué no, te han dado paliza incómoda, te has quedado inquieto y con las estanterías a medio acomodar.

Imposible una lista taxativa pero me propongo ir arrimando alguna cosa de cada uno que emerja, citar algo de su autoría, una foto, una perla perdida, un cachito de biografía.

El escritor uruguayo que más me ha conmovido y enmudecido es Juan Carlos Onetti. Y en este juego de muñecas rusas, hace un tiempo, leyendo su web oficial, me encontré con el discurso que pronunció cuando le dieron el premio Cervantes.

Y allí me mató leerlo evocando a algunos de sus autores, a Cervantes y esa novela formidable que es El Quijote (que también pienso traer como entrada en este tema, porque es imprescindible).


Quiero entonces recordar a este autor, justamente, recordando a sus autores, entre otras cosas.


Majestades, excelentísimos señores académicos, dignísimas autoridades, señoras y señores:

Yo nunca he sabido hablar ni bien ni regular. La elocuencia, atributo muy hispánico, me ha sido vedada. Hablo mal en privado, por eso hablo poco en las pequeñas reuniones de amigos, y hablo peor en público, por lo cual sería mejor para ustedes que no les dijera nada. Me resistí siempre a ofrecimientos, insistencias e incredulidades, sin saber que una fatalidad inexorable me obligaría a hablar públicamente, por primera vez, en España.Para desilusión de mis oyentes, muchos de ellos magistrales conversadores, mi torpeza oratoria se vio penosamente confirmada.
Hoy, sin embargo, me presento ante ustedes con temerosa alegría porque, por una única vez, estoy dispuesto a hablar, no sólo porque debo, sino porque quiero hacerlo. Porque quiero manifestar de viva voz -o con una voz más o menos viva- la profundidad de mi gratitud a España.
El viejo Heráclito el Oscuro dejó escritas estas sibilinas palabras: "Si no esperas, no te sobrevendrá lo inesperado". He descubierto que, sin darme cuenta, hubo algo que esperé a lo largo de mi vida, y que, inesperadamente, me ha sobrevenido en España. No me refiero al Premio Cervantes en sí, ni a eso que llaman fama o gloria, sino a una forma de humanidad, de amistad, de cordialidad, de entendimiento que he encontrado aquí, y que dudo se prodigue en otra región de la tierra con tanta generosidad como en ésta. Digo estas palabras no sólo pensando en mí, sino en miles de hijos de América que han hallado su nueva patria en la patria de Cervantes.
Que un hombre, a mi edad, se vea rodeado de pronto, sin merecerlas, por tantas formas de amor y de la comprensión, ya es, en sí mismo, uno de los mejores dones que el destino puede depararle, un regalo de los dioses, algo que, por desgracia, sucede muy pocas veces. En mi caso particular tengo más motivos que la mayoría por estar agradecido: llegué a España con la convicción de que lo había perdido todo, de que sólo había cosas que dejaba atrás y nada que me pudiera aguardar en el futuro. De hecho, ya no me interesaba mi vida como escritor. Sin embargo, aquí estoy, unos cuantos años después, sobrevivido. Esta sobrevida es lo primero que debo a los españoles. Estos años de regalo, en los cuales he vuelto a escribir con ganas, después de mucho tiempo de no hacerlo. He creído, gracias a esta tierra generosa, que todavía tenía algo que decir, un penúltimo grano de arena.
Ya que hablamos de primicias españolas, con relación siempre a mi persona, es conveniente que se sepa que el jurado del Premio Cervantes ha tenido en esta ocasión la quijotesca ocurrencia de otorgar esa gran distinción a alguien que desde su juventud estaba acostumbrado a ser un perdedor sistemático, a un permanente segundón que hasta entonces sólo había pagado a "placé" -o a colocado, como se dice en España- y que no tenía ninguna victoria en su palmarés. No dejo de pensar, a veces, en la irónica y compasiva justicia -o injusticia- de este, para mí, sorprendente fallo con que me han beneficiado. Cervantinos siempre, quijotescos, los miembros del jurado transformaron el pasado molino de viento de mis novelas en un soberbio gigante Briareo de cien brazos.
He leído a Cervantes, y en particular al Quijote, incontables veces. Era un niño cuando lo descubrí, y espero volver a leerlo una vez más, por lo menos, antes de morirme. Lo que nunca pude imaginar, ni siquiera en los momentos más delirantes de mi existencia, es que mi nombre llegara a estar unido al suyo. Hoy, por méritos que otros me han exagerado, lo está. Les agradezco su delirio, superior al mío. Para mí, de todos modos, no puede haber mayor motivo de emoción y de orgullo. Para mí y para todo novelista auténtico.
He dicho que soy desde la infancia un inveterado y ferviente lector de Cervantes. Todos los novelistas, sea cual sea el idioma en que escribamos, somos deudores de aquel hombre desdichado y de su mejor novela, que es la primera y también la mejor novela que se ha escrito. Una novela en la que todos hemos entrado a saco, durante siglos, y que, a pesar de nosotros y de tan repetida depredación, se mantiene, como el primer día, intocada, misteriosa, transparente y pura.
A pesar de que hay en este recinto muchas personas más cultas y talentosas que yo, y a pesar de provenir, como provengo, de un lejano suburbio de la lengua española, me atreveré a dar una tímida opinión personal sobre uno de los incontables valores de la obra de Cervantes y, en especial, del Quijote.
El planteamiento del libro, su esencial libertad creativa e imaginativa marcan la pauta, conquistan el terreno sin límites en el que germinará y se desarrollará toda la novelística posterior. El maravilloso entramado de la más cruda realidad y la fantasía más exaltada, la magia prodigiosa de dar vida permanente a todo lo que su mano, como al descuido, va tocando, son virtudes que ya han sido, y siempre serán, alabadas, aplaudidas y comentadas.
Yo no voy a referirme en este caso a la estética, a la técnica narrativa ni a la creación novelística de Cervantes, sino a otro sustantivo, tan inmediato siempre a la verdadera poesía y que yo he mencionado al pasar: la libertad. Porque el Quijote es, entre otras cosas, un ejemplo supremo de libertad y de ansia de libertad.
Mi entrañable amigo, el gran poeta Luis Rosales, tuvo el acierto de titular a uno de sus libros exactamente así: Cervantes y la libertad. Un enorme acierto, una enorme verdad.Porque la libertad ha sido siempre una principal preocupación, y también una causa principal, para todos los hombres sensibles e inteligentes.
Esta libertad que hoy respiramos, sencillamente, sin esfuerzo, como sin darnos cuenta.Esta libertad que a muchos parece trivial, aburrida, insignificante. Yo, que he conocido la libertad, y también su escasez y su ausencia, puedo pedir que siga siendo siempre así. Un aire habitual, sin perfumes exóticos, que se respira junto con el oxigeno, sin pensarlo, pero conscientes de que existe.
Amparándome en esta comprensión, en este sentido del humor (que no es un invento exclusivamente británico, sino también y principalmente español), protegido de esta forma, me permito declarar que yo, si tuviera el poder suficiente, que nunca tendré, hacia un solo cercenamiento a la libertad individual: decretaría, universalmente, la lectura obligatoria del Quijote.
Dijo Flaubert, quizá con excesiva ingenuidad, que si los gobernantes de su tiempo hubieran leído La educación sentimental, la guerra franco-prusiana jamás se habría producido. Por mi parte les pediría que leyeran a Cervantes, al Quijote. Confío en que si lo hicieran, nuestro mundo sería un poco mejor, menos ciego y menos egoísta.
Esta Libertad que yo le debo a España se la debo también, como todos los españoles y no españoles que vivimos sobre este suelo, principalmente a su Rey. Yo, que sufrí amargamente años atrás la derrota de un gobierno legítimo español, y que he sido toda la vida un demócrata convencido, nunca imaginé que me llegaría el día de hacer un elogio público y sincero a un Rey, a un monarca en cuanto tal, es decir: por el hecho mismo de ejercer la jefatura del Estado. Hoy lo hago fervorosamente, y querría que todas las repúblicas de América se enteraran de ello.
El fantasma de aquel manco desvalido, preso por deudas, vigila y sabe que no miento, que he dicho la verdad, honestamente.
Pido permiso a los señores académicos para citar una vieja frase latina: "Ubi Libertas lbi Patria".
Gracias, Majestad; gracias, España.

Actualizado 06/10/2008 a las 13:13 por lua

Categorías
Sin categoría

Comentarios

  1. Avatar de ParanoidAndroid
    Qué autor raro Onetti, en el mejor sentido. La atmósfera de su prosa es única, esos ambientes y esa Santa María. Creo que no se puede imitar a Onetti ni por las tapas. Juntacadáveres y Los Adioses son libros que los recuerdo porque eran difíciles de digerir, de nuevo en el buen sentido. Y algunos cuentos me los acuerdo especialmente, como "Un sueño realizado", o "el infierno tan temido". En general son textos crudísimo en cuanto a las temáticas y a sus personajes, y de un estilo que uno no sabe cómo hace para escribir así.

    Fui a buscar los cuentos completos y me encontré al azar con esta frase que marqué del cuento "tan triste como ella":

    "Nunca había pedido nacer, nunca había deseado que la unión, tal vez momentánea, fugaz, rutinaria, de una pareja en la cama (madre, padre, después y para siempre) la trajeran al mundo. Y sobre todo, no había sido consultada respecto a la vida que fue obligada a conocer y aceptar. Una sola pregunta anterior y habría rechazado, con horror equivalente, los intestinos y la muerte, la necesidad de la palabra para comunicarse e intentar la comprensión ajena".

    Qué más decir.

    Personaje raro él mismo, además. Fumaba como un vampiro y era uraño, sarcástico y bohemio como nadie. La otra vez vi una entrevista que le habían hecho que pasaron por canal Encuentro. Confirmé esas cualidades que había leído comentar a algunos allegados. Como me dijo una vez alguien:

    hay que leer todo Onetti.
  2. Avatar de lua
    Si, Nani. Es difícil e imprescindible, al menos para mi, asociarlo a un emerger en un contexto uruguayo jodido: la primer dictadura del siglo XX (la de Terra), el freno a las reformas sociales del batllismo, el advenimiento nuevamente de la democracia y una especie de optimismo generalizado en torno a la restauración y el neobatllismo.

    Vaya una a saber si era pesimista Onetti o si se trataba de un complemento realista para aquel optimismo exagerado y complaciente reinante en los procesos de por aquel entonces.
    Recuerdo haberlo leído comentando, en alguna entrevista, que con la dictadura de Terra sintió que muchos anhelos e ilusiones pasaron a un subsuelo, del que andá a saber si logró rescatarlos. Algo se había roto, más allá de lo obvio del régimen democrático, algo más personal y sutil, intuyo.

    Me cuesta mucho, no sé si compartirás conmigo, pero a la luz de tu "raro" (en el buen sentido) intuyo que un poco si, me cuesta, te decía, cuando alguien dice "es de esas cosas típicamente onettianas", "en las ficciones de Onetti está tal clave y tal otra".

    Al leer Juntacadáveres, El Pozo o El astillero yo ni siquiera puedo tipificar tal cosa es "típicamente onettiana", como sí podría hacerlo con Borges, Cortázar, Vallejo u otro autor que me guste, aún errándole en cuanto a cómo lo puede percibir la gente que sabe más y mejor de estos autores, pero me surge algo a responder como lectora, tengo una opinión formada.

    Qué es lo típico de Onetti? El desapego o la piedad inmensa? Sólo retomando esa joya de frase que pusiste, Nani.
    Desesperanza lo agota, lo cansa o más bien el cansancio le trae pensamientos sin esperanza?
    Es un autor duro de leer, lo es.

    Podría decir si, que lo percibo despojado pero piadoso. No sé si producto de ese desencanto político, ciudadano, de su masa crítica, pero por momentos lo percibo con un dejo de escepticismo narativo y por momentos no. Es rarísimo Onetti, particularísimo. Coincido.

    Es un hallazgo cómo lo expresás: "En general son textos crudísimos en cuanto a las temáticas y a sus personajes, y de un estilo que uno no sabe cómo hace para escribir así."

    El se declaraba enemigo de la retórica, en el semanario Marcha (donde escribía allá por 1935 en adelante), escribió: "ser retórico es repetir elementos literarios en vez de crearlos".

    Mirá traigo a colación lo que él escribió y está en la contraportada de "Para esta noche" (novela heredada de mi mamá) que hay en la biblioteca de casa:

    "Su autor cree en muy pocas cosas, rara vez habla de ellas y nunca las escribe. En muchas partes del mundo había defendiendo con su cuerpo diversas convicciones del autor de esta novela, en 1942, cuando fue escrita. La idea de que solo aquella gente estaba cumpliendo de verdad un destino considerable, era humillante y triste de padecer. Este libro se escribió por la necesidad - satisfecha en forma mezquina y no comprometedora - de participar en dolores, angustias y heroísmos ajenos".

    Y por supuesto, hay que leer todo Onetti.
  3. Avatar de ParanoidAndroid
    Me cuesta mucho, no sé si compartirás conmigo, pero a la luz de tu "raro" (en el buen sentido) intuyo que un poco si, me cuesta, te decía, cuando alguien dice "es de esas cosas típicamente onettianas", "en las ficciones de Onetti está tal clave y tal otra".

    Al leer Juntacadáveres, El Pozo o El astillero yo ni siquiera puedo tipificar tal cosa es "típicamente onettiana", como sí podría hacerlo con Borges, Cortázar, Vallejo u otro autor que me guste, aún errándole en cuanto a cómo lo puede percibir la gente que sabe más y mejor de estos autores, pero me surge algo a responder como lectora, tengo una opinión formada.


    Claro. Capaz que uno podría hacer una lista de temas recurrentes en su literatura pero no ayudaría demasiado a lo que apuntaba con lo de raro en el buen sentido. Algunas, como la que mencionás del tema de la dictadura, entraría en esa zona compartida que involucra a tantos autores latinoamericanos, si bien matizada en cada caso, pero con ese eje.

    Desde mi lectura, encuentro algo inequívocamente Onettiano en el estilo, eso lo veo claro. Pero, justamente, su estilo es lo que me parece raro en el buen sentido. Tiene que ver con su prosa, con la sintaxis que va arrastrando, con la cadencia tan particular de las frases (cierta musicalidad no siempre eufónica, se me ocurre, pero de nuevo como virtud), y por supuesto en el uso que hace de la palabra, tan poético y tan hondo. Lo que no puedo dejar de pensar es que es un entramado tan singular que uno se queda atónito, y al final te das cuenta que logra algo incomparable, más allá de que los grandes autores casi siempre lo son. Creo que admiraba mucho a Faulkner, y sí que por ese lado uno podría rastrear una influencia en cuanto al estilo, que en algo me recuerda a Las palmeras salvajes, por ejemplo, es lo que se me ocurre. Pasando en limpio: lo que veo desde mi perspectiva es que lo onettiano tiene por base un voz muy particular en la que se funden muchas cosas, de ahí que, como vos decís, su lectura no sea para nada sencilla y también duro de leer.


    El se declaraba enemigo de la retórica, en el semanario Marcha (donde escribía allá por 1935 en adelante), escribió: "ser retórico es repetir elementos literarios en vez de crearlos".


    Entonces tanto mejor, porque eso significa que su retórica, en todo caso, es esa cosa singular que nos cuesta definir. Creaba, está claro.

    Cuando lo agarre de nuevo, va a ser con Dejémos hablar al viento, que me mira desde la biblioteca (hay varios ojos por ahí) y siempre lo ando postergando como con muchas miradas. Me dijeron que es de lo más hermoso que escribió. ¿No tienta?

    Beso.
  4. Avatar de lua
    Tienta mucho, un día de 56 horas no tenés para prestarme o algo? Una semanita para ponerme minimamente a tono en alguito de todo lo que me resta.

    Es tal cual la sensación de mirada desde la biblioteca.

    Yo tengo pendiente volver a leer Un sueño realizado, porque en realidad recuerdo que leí Un sueño realizado y La casa en la arena, y dejé colgados los otros dos cuentos.

    Y no he podido retomarlos, voy a ver si el finde puedo y si encuentro de esos momentos/frases que me hacen crack de Onetti.

    Vengo y las pongo. Sólo para tentarte, muñeco.

Iniciar sesión

Iniciar sesión