Amnistía Internacional – Sección Española
Irak: Los derechos humanos, pendientes de un hilo
Algunos líderes políticos occidentales están utilizando con inusitada frecuencia la situación de los
derechos humanos en Irak como excusa para justificar una intervención militar. Este enfoque
selectivo de los derechos humanos no es más que una manipulación fría y calculada de la labor
de los activistas de derechos humanos. No olvidemos que fueron estos mismos gobiernos los que
cerraron los ojos ante los informes de Amnistía Internacional sobre las violaciones de derechos
humanos generalizadas que tenían lugar en Irak antes de la Guerra del Golfo. Los mismos
gobiernos que permanecieron en silencio en 1988 frente al asesinato de millares de civiles kurdos
inermes en Halabja.
La población de Irak no sólo ha seguido sufriendo a manos del gobierno (en una política
sistemática de tortura, ejecuciones extrajudiciales, «desapariciones», detenciones arbitrarias y
juicios sin garantías) sino que, desde 1990, también ha sido la parte más afectada por el régimen
de sanciones impuesto por las Naciones Unidas. Las sanciones han puesto en peligro el derecho
a la alimentación, la salud, la educación y, a menudo, el derecho a la vida de cientos de miles de
personas, en muchos casos menores de edad. Algunos afirman que el gobierno iraquí está
manipulando deliberadamente el régimen de sanciones con propósitos propagandísticos, pero ello
no absuelve al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de su parte de responsabilidad por
haber desoído los llamamientos para que se levantaran todas las sanciones que tuvieran como
resultado la comisión de graves violaciones de los derechos de la población iraquí.
Al examinar la cuestión del uso de la fuerza militar, el Consejo de Seguridad debe no sólo
considerar las consecuencias políticas y de seguridad de tal acción sino también el inevitable
precio de la guerra en materia humanitaria y de derechos humanos: los civiles que perderán la
vida a causa de lo bombardeos o de los combates internos, los niños que morirán debido a que
las sanciones dificultarán aun más la satisfacción de sus necesidades básicas y el acceso a ayuda
humanitaria. Pero la preocupación por la vida y la seguridad del pueblo iraquí es un elemento
tristemente ausente en este debate, como también lo es cualquier discusión sobre cuál será la
suerte de estas personas tras el conflicto y, lo que es peor, qué repercusiones tendría una
intervención militar en el disfrute de los derechos humanos por parte de la población de los países
vecinos.
Como guardián de la paz y la seguridad internacionales, el Consejo de Seguridad tiene la
responsabilidad, conforme a la Carta de las Naciones Unidas, de buscar ante todo una solución
por medios pacíficos. Debe recordar a su miembro más fuerte que la fuerza es el último recurso,
que sólo debe utilizarse en pleno cumplimiento del derecho internacional. Debe preguntarse si
hemos llegado realmente al punto de peligro inminente que no deja abierto ningún otro camino. No
debe olvidar nunca que las Naciones Unidas fueron creadas para preservar la paz y fomentar los
derechos humanos y no para propiciar la guerra.
Fuente: http://www.antelaguerraactua.org/# |