"Hoy voy a pedir a Dios de nuevo que me devuelva a mi hijo" | |
Las familias de prisioneros buscan noticias de sus seres queridos "Hoy voy a pedir a Dios de nuevo que me devuelva a mi hijo", afirma tristemente Ismail Kazem, a las puertas del único campo de prisioneros de guerra del sur de Irak, donde acude cada mañana desde hace diez días como otras muchas decenas de personas para tener noticias de los detenidos. Su hijo Yodat, de 19 años, es soldado y fue capturado en combate en la ciudad de Nasiriya (suroeste). "Parece que estaba acorralado y se rindió", explicaba el viernes su padre, también ex militar, que no sabe a ciencia cierta si Yodat está herido y ni siquiera si se encuentra realmente en este gran campo, donde según la Cruz Roja hay más de 3.000 prisioneros. Junto a él, otros muchos padres, hermanos, tíos o esposas de iraquíes capturados por las tropas británicas y estadounidenses acuden cada día a las puertas del campo, donde esperan durante horas bajo el insoportable sol que alguien les confirme que la persona que buscan se encuentra dentro y está en buen estado de salud. "Hace cuatro días se llevaron a mi marido y a mi hermano de nuestra casa en Al Jabjus (sur). Son civiles. ¡Le juro que no han hecho nada!", exclama Fadila, de 40 años, que ha abandonado a sus cinco hijos para venir aquí y tratar de obtener alguna noticia de parte de los militares. La mayoría de los familiares de los detenidos cuentan historias similares para intentar demostrar la inocencia de sus allegados que según ellos, fueron presos "injustamente". No obstante, responden con una risa huidiza cuando se les pregunta si podrían jurar que sus seres queridos no pertenecen al partido Baas o a una milicia pro-Saddam Hussein. "No queremos hablar de política. Es demasiado peligroso. Sólo deseamos que nos den los nombres de las personas que están presas dentro, saber que están bien y después nos marcharemos". |