LA GUERRA QUE VIENE: ENTRE ELLOS, EL INGENIERO MECANICO ARGENTINO GUSTAVO JUAREZ MATORRAS
Frustración y rabia entre los inspectores que dejan Irak
Gustavo Sierra. BAGDAD. ENVIADO ESPECIAL.

Se levantaron como siempre a eso de las seis de la mañana. Y en menos de media hora estaban subiendo a las enormes camionetas blancas de la ONU, en la puerta del hotel Al Hayat, de la calle Uqbah Ben Nafe de Bagdad. Pero esta vez no era como en los últimos casi cuatro meses para ir a inspeccionar alguna fábrica militar o un laboratorio químico. Esta vez
se iban hacia el aeropuerto internacional Saddam Hussein para regresar, vía Chipre, a sus casas en todo el mundo. Los inspectores de las Naciones Unidas que estuvieron aquí para verificar el desarme iraquí abandonaron ayer Bagdad con un enorme sentimiento de frustración. Y algunos no alcanzaban a ocultar la rabia que tenían por no poder terminar con su trabajo y evitar la guerra.
Entre el grupo, partió el ingeniero mecánico argentino Gustavo Juárez Matorras, quien encabezaba el grupo de inspectores de armas. Había llegado aquí seleccionado por un comité de las Naciones Unidas como experto en misiles. Un segundo argentino, que estaba en el grupo de investigadores químicos, había regresado a Buenos Aires hace unos 15 días. Los dos tienen, por contrato, totalmente prohibido hablar con la prensa.
Este enviado de
Clarín tuvo el raro privilegio de conversar con varios de estos inspectores en la madrugada anterior, cuando regresaban tras 14 horas de trabajo en terreno y varias más de reunión en la oficina de la ONU en Bagdad. Les acababan de dar la orden de partir en unas cinco horas.
"Mira, nunca antes en mi carrera tuve una frustración tan grande. Nosotros somos profesionales. Vinimos a hacer un trabajo que si bien sabemos que depende del poder político emanado del Consejo de Seguridad de la ONU, creíamos que iba a ser profesional, que iban a respetar nuestra opinión como expertos. Y mira lo que ocurrió. Se c... en lo que opinábamos y ahora se lanzan a la guerra. Esto es una locura", explica una suiza experta en armas biológicas que habla con lágrimas en los ojos.
Un japonés y un rumano se sacaron juntos una foto con un enorme retrato de Saddam a sus espaldas (en cada lobby de hotel y en casi cualquier lugar de este país siempre hay un
enorme retrato o estatua de Saddam). Luego asintieron con sus cabezas sobre lo que explicaba la suiza y agregaron algo más: "los que vinimos a buscar vestigios de un plan de energía atómica no encontramos absolutamente nada. Eso lo dejó muy en claro nuestro jefe, el señor Al Baradei, pero Estados Unidos no quiso escuchar. Enseguida pasó a otro tema y se olvidó de lo nuclear que hasta hacía unos pocos días parecía ser crucial porque aseguraban que aquí se habían fabricado bombas atómicas".
El lobby de este oscuro hotel ubicado en un barrio similar a lo que sería Palermo o Belgrano en Buenos Aires, hervía de descontento. Los inspectores hablaban mientras rogaban que no se publicara su nombre. Y poco les importaba la presencia de agentes del régimen que hacían que leían periódicos viejos mientras miraban de reojo como en una mala película de espías.
"
Yo te puedo asegurar que acá no se encontró nada fuera de lo común. No vimos ningún elemento químico que pueda ser considerado en arma de destrucción masiva. Y cuando encontramos los misiles, que tampoco estaban preparados para transportar cabezas con químicos, los iraquíes ofrecieron empezar a destruirlos. Y no es que los misiles Al-Samud 2 fueran de tan largo alcance. Lo que pasa es que estaban preparados para alcanzar entre 140 y 240 kilómetros si se les ponía un "booster", un segundo motor", explica un ex militar latinoamericano con estudios superiores de ingeniería balística en Estados Unidos e Italia que estuvo con el grupo de inspectores desde el comienzo de la tarea en diciembre pasado.
Los expertos también rechazan las acusaciones de que entre ellos había espías estadounidenses o británicos. "Es una idiotez", dicen casi a coro. "
Es que en el 98 había porque hasta ese momento los inspectores eran nombrados por los gobiernos. Pero esta vez fuimos seleccionados por las Naciones Unidas entre los expertos que nos conocemos todos de las universidades y de los centros de estudio".
Y todos están convencidos de que con más tiempo podrían haber determinado científicamente si el régimen de Saddam Hussein posee o no armas de destrucción masiva. "
Ahora, nunca lo sabremos. Y si encuentran algo los marines estadounidenses que lleguen aquí, todos vamos a sospechar que lo pusieron para justificar la invasión. Debieron dejarnos terminar. Necesitábamos dos o tres meses más, nada más", explica un canadiense que ya había estado aquí cumpliendo la misma función en 1998.