EL CONFESIONARIO
Walter Quiroz: "Me gusta más la vida ahora, que cuando era chico"

A los 36 años, con más de 20 de oficio, cree que descubrió la vocación en las películas en blanco y negro que veía en la casa de su abuela. Actor y dibujante, se desvive por la lectura y el cine y asegura que "no soy cool ni quiero serlo".


Por: Silvina Lamazares
Cree ahora que en la tediosa rutina de los deberes de la escuela se anida un guiño hacia el actor que quiso ser. Cuenta que "todas las tardes iba a la casa de mi abuela, que era maestra rural, a hacer la tarea. Y también mirábamos una película argentina en la tele, en blanco y negro. Ella, por supuesto, siempre se quedaba dormida y yo me las veía todas: todas las de Tita Merello, las de Mirtha Legrand, el cine de (Leopoldo) Torre Nilsson... Era como un ritual y se ve que me quedó el hábito. De ver y de querer estar ahí", cuenta Walter Quiroz, el nieto de Tita Varela, su mamama, la mujer que, entre sueños, le marcó el camino.

La sensación térmica de esta primavera equivocada lo llevó hasta Palermo en bermudas, pero su nuevo personaje —un periodista ambicioso en Los exitosos Pells, por Telefé— le calzó el traje con corbata. La charla, entre café y blues que suenan de fondo, lo llevan a aflojarle el nudo, casi como un destierro simbólico a la solemnidad. Tanto, que en vez de jerarquizar su infancia por sobre todos los tiempos —casi un lugar común de quien ha crecido—, confiesa que "a medida que fueron pasando los años, esto se fue poniendo mejor. Pasado mañana (por el jueves) cumplo 36 y estoy contento... Me gusta más la vida ahora, que cuando era chico".

Dice, sin embargo, que se reconoce en ese niño que fue, criado en el barrio Fate de San Fernando, donde "pasaba muchas horas andando en bici o en patineta. Me encantaba jugar en la calle. Los otros juegos, en cambio, quizás más asociados a la actuación, quedaban para mi cuarto, sin testigos". A los 12 años, cuando empezó a estudiar teatro, repartía su día entre la vocación, el colegio y su primer trabajo: "Entré a un taller de alfarería y era el encargado de hacer el badajo de las campanas".

Impulsado por las imágenes que le devolvía el televisor de la abuela, "el cine empezó a ser como un refugio para mí... y lo sigue siendo. Me encanta ir acompañado, pero ir solo también es un muy buen plan. He tenido largas temporadas de entrar a las dos de la tarde y quedarme hasta la noche en la (sala) Lugones o en el Cosmos viendo a maestros como (Takeshi) Kitano o (Akira) Kurosawa". Un título elegido en el archivo de su memoria lo lleva a citar como "la peli inolvidable" a El imperio del sol, de Steven Spielberg.

Cuando a fines de la primaria "ya fantaseaba con trabajar en una película" no sospechaba, seguramente, que poco tiempo después, con 17 años, sería el protagonista de El viaje, dirigido por Fernando Pino Solanas, "un tipo clave en mi vida. Con él salí de mi barrio, de alguna manera. Viajé, conocí lugares, tomé un avión por primera vez, vi la nieve por primera vez (se filmó en Ushuaia)... fue todo un descubrimiento, se me abrió un mundo. Y a través de Solanas conocí a Agustín Alezzo, con quien estudié varios años. Ellos dos son mis referentes, junto a Carlos Gandolfo (ver La frase), Tato Pavlovsky, Miguel Angel Solá, Ulises Dumont y Ricardo Darín".

El viaje, más allá de marcar su debut cinematográfico —acaba de filmar Mentiras piadosas, de Diego Sabanés—, representa uno de sus sustantivos más recurrentes: "El viaje es la clave, es la búsqueda. Lo bueno está en ir, no en llegar". Y enseguida parafrasea "una poesía de (Konstantino) Kavafis que dice Cuando emprendas tu viaje hacia Itaca debes rogar que el viaje sea largo".

La lectura asoma como una de sus ceremonias preferidas —ahora anda por La corrupción de un ángel, de Yukio Mishima—, fortalecida en esos "diez años en que no tuve televisor y leía como loco... De paso quiero aclarar una cosa, porque había como un malentendido: como yo decía que no tenía tele y leía mucho, muchos creían que era una pose. Y lejos de eso, porque me iba a la casa de mis amigos y me desesperaba por ver televisión. Nunca tuve ninguna pretensión de nada. No soy cool ni quiero serlo".

Protagonista de En la cama —la exitosa pieza dirigida por José María Muscari que hará temporada en Mar del Plata—, dibujante de lápiz, retratista y reservado para su obra, traza una antinomia entre su flamante criatura de TV y su estilo en la vida: "En Pells, hago de un periodista que se llama Diego Planes... y hace eso todo el tiempo, planifica a full, no para. Por eso lo come la ambición y le va mal. Yo creo que la vida es todo lo contrario... Las mejores cosas te suceden cuando no las buscás". Como cuando encontró el camino en las viejas películas, mientras la abuela dormía y él soñaba.-