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Desasosegados.
Errantes imprecisos.
Tirantes.
Impàvidos.
Sobrevaluados.
Cìclicamente entorpecidos.
Màs que dispuestos a quebrar sus alas.
Màs que desacostumbrados al olvido.
Encanecer.
Envejecieron.
A escuchar, a probar, haber, habido...
Te presento a mi ginecòlogo.
He venido, fèminas, sòlo a firmar la pancarta de la queja sexista: Por què los hombres sòlo tienen controles androurinarios una vez al año, y después de los 50???
Eh? Y nosotras tenemos Lo Mismo desde… los 17, ponele?
Y nosotras tenemos màs cosas para maltratar. Ellos se exponen a tomar 2 L. de agua, solamente.
Nosotras, dos litros de agua, exquisita protecciòn sabor frutilla en el ecógrafo y sentir que nos estiran los músculos pectorales, si tenès suerte y Natura te dio y Salamanca no tuvo necesidad de prestarte, 5 o 6 centìmetros. Si Natura se hizo la tonta, 10 cms. De estiramiento pectoral, llegar hasta el otro extremo de la placa radiogràfica.
Y, encima, reposando en camilla, en una posición que los hombres relacionan con el goce, y nosotras con el goce y el calvario; el toquecito “tranquilizador” en el muslo, y la palabra ùnica, irrepetible… “Flojita”.
Ah, sì, chicas, nada solucionable si no se cuenta con un Gineco Moreno, Alto, con sonrisa Odol y manos càlidas y firmes. Por eso, venì… te presento a mi ginecòlogo.
Desde el ayer, pensaba
Que cuando el mañana llegara
Llegarìa la luz, la ùnica luz posible.
La de tus ojos.
Ah sì, cuando la inclemencia era
La posiblidad que tenìan mis antojos
De volverse visibles
Escribìa y entregaba
Deducìa, prorrogaba,
Esperaba tu aroma.
Pero eras un destello y me cegaba:
Pasaste sin saber quièn te miraba.
Tomè el cafè, cerrè mi libro.
Hubiera sido, si lo hubièramos dispuesto.
Sòlo sabernos me alcanzaba.
El sol le pegaba de costado, le dibujaba rayitas en las arrugas.
Los ojos azules tenìan un reborde acuoso, de tanto mirar la realidad, se habìan separado de ella.
El dedo ìndice golpeaba arrìtmicamente, en un diapasòn enloquecido, un hueso saliente de lo que fue una rodilla deportista.
La manta raìda habìa caìdo y formaba un nido de ningùn pàjaro en el piso.
Las palabras habìan dejado de enamorarlo. Huìan de su lengua.
Una làgrima resbalaba de puro triste. Despedida de invierno.
O sea: Toco y Me Voy. Me cuesta mantener la atenciòn sobre determinado tema... cuànto màs discurrir largamente sobre un ìdem.
Pero la pulga que me pica hoy es, una que me pica desde que comencè, a principios del año pasado, a compartir mates con ustedes:
Què nos motiva a acercarnos a determinados foristas? Y a alejarnos de otros? Què aroma dejan las palabras de otros, para que nuestras feromonas discurran tras ellas?
Nos gustan los colores de su perfil?
Nos acercamos porque el avatar està RE FUERTE? (hasta que un dìa nos damos cuenta que hemos sido vilmente engañados).
Y còmo reaccionamos al acercamiento del otro? (Recuerdo que el otro dìa Connie comentaba sobre su irremediable condiciòn de radiador).
Y cuàntos dejamos que el otro vea a travès de nuestras palabras? (Porque con la lengua hablada es un cantar, y Skype viene a dar fè de ello), pero con lo escrito...
Oh, lo escrito y sus atenciones e intenciones.
Vasca. (Ay, perdòn, te toquè pero fue sin querer!)(Homenaje a los finales de Connie)
O plagio a los finales de Connie.