DOS María T. Badet (24-01-1969) Subieron sendamente en Pueyrredón. Haberse visto fue cosa de un minuto. Los borcegos, el walkman y el león en la campera; el bolso negro el otro. La mano tensa sobre el muslo fino giró el fetiche de la riñonera; enfrente ante la espuma del asiento desandaron andamios las dos piernas. Sólo un momento atrapó la ventanilla ambas miradas en el doble espejo: ¿Este chabón sabrá lo de Natalia? ¿Sabrá este yoni lo inútil del regreso? Y así fue que por fin los unió Alem. La brújula del tren silbó desierta y entonces sin asombro y sin piedad abjuraron su ausente vecindad espiando al otro lado de la puerta. |