SOL DE ORO
Robándome la llave del sosiego
pasaste por mi vida, Sol de Oro.
Sabio en torpezas, en amores lego,
perdí con ella mi mayor tesoro.
Llegas, me robas y te marchas luego,
mientras, vencido, tu favor imploro.
Desdén fue tu respuesta a tanto ruego,
perdida ya mi calma y mi decoro.
La herida que en mi alma tú dejaste
es todo lo que guardo de aquel día,
a cambio de la paz que me robaste.
Nunca podré decir que fuiste mía,
pero el recuerdo de tu imagen baste
para colmar mis sueños de alegría.
Del poemario Sonetos de otoño de
Francisco Aguilar Piñal.
SOMBRA DE RECUERDO
Por ti se ha de perder toda memoria,
¡oh tiempo!, corrosivo del recuerdo.
Si ya de mis abuelos no me acuerdo
¿qué harás mañana de mi humana gloria?
Maldito seas, padre de la historia,
por cuya mano mi existencia pierdo.
Si eres un dios omnipotente y cuerdo
¿por qué me has hecho de tan vil escoria?
Después que mi perfil desaparece
no vuelve a recobrar su corta vida,
cual sombra que la noche desvanece.
¡Oh, carne miserable tan querida!
El ser que ahora tan real parece
será muy pronto imagen que se olvida.
De Sonetos de otoño
poemario de Francisco Aguilar Piñal
VITA BREVIS
Estrella que se abate al precipicio,
veloz halcón que muere en pleno vuelo,
relámpago que fulge tras un velo,
dejando apenas un fugaz indicio.
Mi vida, como fuego de artificio,
brilló un instante en el azul del cielo,
y el llanto que vertía el desconsuelo
cesaba con su propio sacrificio.
Me regalaron este breve instante
el tiempo y el espacio de consuno.
Nacer, vivir, morir. Todo fue uno.
Regalo apasionado y oportuno,
feliz momento, tierno y excitante,
en que gocé, amado más que amante.
Autor: Francisco Aguilar Piñal
SATURNO
El monstruo que a diario me devora,
Saturno hambriento de su tierno fruto,
tiene las fauces de salvaje bruto
que traga sin cesar, hora tras hora.
Mi muerte no desea por ahora,
tan sólo hacer, minuto tras minuto,
que sienta, en esta vida que disfruto,
la noche que me espera, sin aurora.
Mientras el tiempo siga de tal suerte
robándome la vida que me queda,
no he de temer que mi final suceda.
Hambriento estás de mí, tiempo; no ceda
tu trágico apetito, pues advierte
que, si descansas, llegará tu muerte.