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Poesía ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Que es poesía?, ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú.

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Antiguo 19/02/03, 14:05:03   #1
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Hijo de la luz y de la sombra

(Hijo de la sombrea.)

Eres la noche, esposa: la noche en el instante

Mayor de su potencia lunar y femenina.

Eres la medianoche: la sombra culminante

Donde culmina el sueño, donde el amor culmina.



Forjado por el día, mi corazón que quema

Lleva su gran pisada de sol a donde quieres,

Con un sólido impulso, con una luz suprema,

Cumbre de las mañanas y los atardeceres.



Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje

Su avaricioso anhelo de imán y poderío.

Un astral sentimiento febril me sobrecoge,

Incendia mi osamenta con un escalofrío.



El aire de la noche desordena tus pechos,

Y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.

Como una tempestad de enloquecidos lechos,

Eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.



La noche se ha encendido como una sorda hoguera

De llamas minerales y oscuras embestidas.

Y alrededor la sombra late como si fuera

Las almas de los pozos y el vino difundidas.



Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,

La visible ceguera puesta sobre quien ama:

Ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,

Ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.



La sombra pide, exige seres que se entrelacen,

Besos que la constelen de relámpagos largos,

Bocas embravecidas, batidas, que atenacen,

Arrullos que hagan música de sus mudos letargos.



Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,

Tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.

Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,

Con todo el firmamento, la tierra estremecida.



El hijo está en la sombra que acumula luceros,

Amor, tuétano, luna, claras oscuridades.

Brota de sus perezas, de sus agujeros,

Y de sus solitarias y apagadas ciudades.



El hijo está en la sombra: de la sombra ha surgido,

Y a su origen infunden los astros una siemba,

Un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,

Que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.



Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,

Tendiendo está la sombra su constelada umbría,

Volcando las parejas y haciéndolas nupciales.

Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

(Hijo de la luz)

Tú eres el alba, esposa: la principal penumbra,

Recibes entornadas las horas de tu frente.

Decidido al fulgor, pero entornado, alumbra

Tu cuerpo. Tus entrañas fuerzan el sol naciente.



Centro de claridades, la gran hora te espera

En el umbral de un fuego que el fuego mismo abrasa:

Te espero yo, inclinado como el trigo a la era,

Colocando en el centro de la luz nuestra casa.



La noche desprendida de los pozos oscuros,

Se sumerge en los pozos donde ha echado raíces.

Y tú te abres al parto luminoso, entre muros

Que se rasgan contigo como pétreas matrices.



La gran hora del parto, la más rotunda hora:

Estallan los relojes sintiendo tu alarido

Se abren todas las puertas del mundo, de la aurora

Y el sol nace en tu vientre, donde encontró su nido.



El hijo fue primero sombra y ropa cosida

Por tu corazón hondo desde tus hondas manos.

Con sombras y con ropas anticipó su vida,

Con sombras y con ropas de gérmenes humanos.



Las sombras y las ropas sin población, desiertas,

Se han poblado de un niño sonoro, un movimiento,

Que en nuestra casa pone de par en par las puertas,

Y ocupa en ella a gritos el luminoso asiento.



La vida es un pensar dichoso, moribundo:

Sombras y ropas trajo la del hijo que nombras.

Sombras y ropas llevan los hombres por el mundo.

Y todos dejan siempre sombras: ropas y sombras.



Hijo del alba eres, hijo del mediodía.

Y ha de quedar de ti luces en todo impuestas,

Mientras tu madre y yo vamos a la agonía,

Dormidos y despiertos con el amor a cuestas.



Hablo, y el corazón me sale en el aliento.

Si no hablara lo mucho que quiero me ahogaría.

Con espliego y resinas perfumo tu aposento.

Tú eres el alba, esposa. Yo soy el mediodía.



III
(Hijo de la luz y de la sombra)

Tejidos en el alba, grabados, dos panales

No pueden detener la miel de tus pezones.

Tus pechos en el alba: maternos manantiales,

Luchan y se atropellan con blancas efusiones.
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