A veces juego (no muy seguido)
con este universo de mi alma
y no sé qué retazo de mi juventud dormida,
entonces me olvido de las leyes inmutables
de las reiteraciones de la historia
de los miserables que andan en cardúmen
y de este mundo irredimible
que ni en su propia cruz se culpa de nada.
Algunas veces me pregunto qué hará falta
para volver a un origen mas épico
donde la fraternidad nos semeje
animales en tribu solidaria
hombres dignamente viriles...
Y en mi juego no hay doctrinas
ni verdades absolutas, ni manifiestos incendiarios
ni guerras santas, ni teorías mesiánicas...
(¿será que los años no me permiten
ni en juego creer en esas cosa?)
En mi juego siempre es recurrente
que nos hace falta recuperar tres elementos:
el fuego, el círculo, la palabra.
Un fuego rojo de lenguas altas
en medio de una noche llana,
un fuego de humo y leña,
de chispa, crujidos, viento,
calor en la cara, danza hipnótica en los ojos.
Un círculo de piedras alrededor del fuego
un circulo de hombres a alrededor de las piedras
bajo una noche sin estrellas
con el día en las espaldas;
un círculo, como decía Delibes,
de dos calores, el calor del fuego
y el calor del cuerpo que está al lado.
Unas palabras que inventen un fuego de historias
en un circulo de noches y de hombres
de voces y de sueños y misterios
de música de verbos acompasados
y argumentos de metáfora azulada
en pasados descompuestos
y futuros esperanzados en clave.
A veces juego (no muy seguido)
con que para salvar el mundo
desde el universo de mi alma
con los retazos de mi juventud dormida
apenas hacen falta tres elementos:
el fuego, el círculo, la palabra.
A_R_Erdosain
Saludos.
LunaCyan